BEIJING, 10 may (Xinhua) -- Después de la elección
el pasado 7 de mayo del conservador Nicolas Sarkozy como presidente de
Francia, en ciertas ciudades francesas, incluida París, han tenido lugar
manifestaciones que, en algunos casos, han terminado en disturbios y
enfrentamientos entre los manifestantes y la Policía.
Si bien dentro de la Unión por un Movimiento Popular
(UMP) Sarkozy es considerado un dirigente "fuerte y capaz", el próximo
inquilino del Elíseo tendrá que afrontar desafíos de todo tipo, uno
de cuyos ejemplos han sido las revueltas vividas en los últimos
días.
MAYORÍA PARLAMENTARIA
Una de las características de las últimas elecciones
presidenciales galas ha sido la vuelta a la disyuntiva
"izquierda- derecha", en la que ambas facciones han mantenido un fuerte
apoyo, la competencia ha sido intensa y el cruce de acusaciones,
continuo.
A pesar de que Sarkozy se ha alzado como el
candidato de la derecha en las presidenciales, con un respaldo de más del
53 por ciento del electorado, lo cierto es que si las reformas
anunciadas por éste no se hacen con el apoyo del resto de la población, su
actuación política al frente de la dirección del país va a estar
plagada de dificultades.
Atajar los diferentes problemas sociales conforma
uno de los principales desafíos del presidente electo, que tras ser
anunciada su victoria instó a los franceses a trabajar junto a él sin
importar a qué partido pertenecen ni cuáles son sus creencias o
clase social.
Sarkozy deberá sortear su primera gran prueba a
mediados del próximo junio, para cuando está prevista la celebración de
elecciones legislativas y después de la cual la obtención del apoyo
de la mayoría de la Asamblea Nacional (Cámara Baja parlamentaria) decidirá
la aceptación de su política de reformas por parte de la Cámara y su
consecuente puesta en marcha.
Pese a que la UMP de Sarkozy lleva una relativa
ventaja en los futuros comicios legislativos, es difícil predecir si puede
asegurarse una mayoría aplastante en ellos.
EXPECTATIVAS ECONOMICAS Y DESEMPLEO
En los últimos años, el crecimiento económico de
Francia se ha ralentizado, lo que ha desembocado en una alta tasa de
desempleo, un alto déficit presupuestario en las arcas del Estado y
desórdenes y malestar social.
Entre las propuestas de Sarkozy para fomentar la
inversión e imprimir un nuevo impulso al crecimiento económico del país,
se encuentran la reducción de impuestos y la disminución de las
obligaciones sociales de las empresas.
En su campaña, el futuro presidente de Francia, que
asumirá su nuevo cargo el próximo 16 de mayo, exhortó al Banco Central
Europeo a modificar su política monetaria, de manera que ésta se
ponga al servicio del crecimiento económico y no de un "control
dogmático" para contener la inflación.
En estas últimas elecciones, el desempleo se ha
presentado como uno de los principales motivos de preocupación de la
ciudadanía francesa, acosada por unos índices de paro que no se han movido
de sus altas cotas durante muchos años.
A pesar de que la tendencia parece apuntar hacia una
reciente ligera mejora, Francia continúa siendo uno de los países de la
eurozona con mayor índice de paro.
Sarkozy se ha comprometido a reducir la tasa de
desempleo durante los cinco años que dure su legislatura, hasta situarlo
en un 5 por ciento, y para ello prevé incrementar la agilidad del
sistema empresarial de contratación, fomentar el empleo, eliminar el
máximo de 35 horas semanales impuesto actualmente y aumentar
la competitividad empresarial.
El futuro nuevo presidente confía en la continuidad
del desarrollo de la industria y del sector agroalimentario para la
creación de empleo, a lo que se suman las reformas del actual
sistema de subsidios y formación para desempleados, y medidas que
faciliten la nueva contratación de desempleados.
Las propuestas de Sarkozy se han ganado la acogida
del sector empresarial, pero dado que muchas afectan los intereses
inmediatos de los trabajadores, cómo convencer a los sindicatos y otras
fuerzas sociales constituye una maniobra esencial para evitar que
éstos retiren su respaldo a la Presidencia, lleven a cabo una fuerte
oposición o incluso encabecen conflictos sociales.
Por otra parte, el exiguo déficit presupuestario del
Gobierno y de las instituciones de bienestar social también ha sido uno de
los temas más destacados de la campaña electoral.
La deuda pública francesa supera los 1,2 billones de
euros y su pago e intereses consumen cada año 40.000 millones de euros,
algo para cuya solución Sarkozy ha propuesto disminuir el gasto
público mediante la reducción del ingente número de trabajadores del
Estado.
A su juicio, no se trata de ordenar despidos masivos
de funcionarios, sino de aprovechar la oportunidad brindada en los
últimos años por el gran número de jubilaciones y contener un nuevo
incremento.
CUSTODIA DEL ESTATUS DE GRAN NACION
En lo referente a la política exterior, el principal
desafío de las autoridades galas se deberá centrar en el intento por
mantener la consideración de potencia de la que la nación disfruta en una
serie de cuestiones internacionales especialmente espinosas.
En cuanto a la construcción europea, Sarkozy tendrá
que atajar las consecuencias del rechazo de la población francesa al
Tratado Constitucional del bloque en el referéndum celebrado en 2005, el
estancamiento del proceso de integración y la pérdida de influencia
experimentada por Francia dentro del Grupo de los Veintisiete.
El líder de la UMP apuesta por la redacción de una
" Constitución Europea breve", cuyo borrador se someta a la
deliberación del Parlamento, pasando por alto los riesgos que pueda
plantear un nuevo plebiscito nacional.
Aunque su postura europeísta le ha valido la acogida
de los demás miembros del bloque, Sarkozy ha desafiado durante su
campaña en numerosas ocasiones la independencia de la política monetaria
del Banco Central Europeo y ha apoyado abiertamente la reforma
del actual sistema comunitario de toma de decisiones.
Si discurrirá o no por esa misma vía tras acceder al
poder y si el resto de países que integran la Unión Europea recibirán sus
proposiciones de buen grado son cuestiones que todavía están por
ver.
En tanto, otro de los problemas que Sarkozy tendrá
que calibrar fuera de Europa es cómo solucionar las diferencias existentes
en la diplomacia franco-estadounidense.
Los medios de comunicación franceses reflejan un
claro sentimiento contrario al unilateralismo practicado por EE.UU., al
tiempo que Sarkozy ha sido tachado de proestadounidense por sus
oponentes políticos, por lo que el dirigente conservador ha afirmado
repetidamente ser un firme partidario de la decisión de Jacques Chirac de
oponerse a la invasión de Irak.
Sarkozy defiende que la relación cordial que
mantienen Washington y París no quiere decir que Francia, en calidad de
aliado, no pueda mostrar "de forma sincera" su desacuerdo con
algunas de las medidas adoptadas por la potencia norteamericana.
Finalmente, entre otras cuestiones que constituyen
un "suma y sigue" en la lista de desafíos a sortear tras la toma de poder,
aún están pendientes la liberación de los ciudadanos franceses
que permanecen secuestrados en Afganistán, la resolución de la
polémica despertada por la ambición nuclear de Irán, el conflicto en
Oriente Medio y los problemas energéticos y su conjunción con el medio
ambiente. Fin