TEHERAN, 17 ago (Xinhua) -- El ministro de
Exteriores iraní, Manouchehr Mottaki, expresó el miércoles la voluntad de
Irán de discutir con la UE la posible suspensión de sus actividades de
enriquecimiento de uranio, en un obvio intento de aplacar su
habitual postura de línea dura en este tema.
"Irán está dispuesto a discutir la suspensión de
nuestras actividades nucleares con los Estados europeos... Incluso aunque
no sea lógica que pidan la suspensión, podemos todavía
discutirlo", dijo.
Las declaraciones de Mottaki no han sorprendido dado
que altos funcionarios iraníes han reiterado que quieren debatir el tema
nuclear en todos los ámbitos de la comunidad internacional.
Pero ha sido uno de los pocos funcionarios de alto
rango que han adoptado un tono más suave en sus palabras para relajar la
tensión con Occidente desde que el Consejo de Seguridad de la ONU
aprobó el pasado 31 de julio una resolución que exige a Irán que
suspenda el enriquecimiento de uranio antes del próximo 31 de agosto
o de lo contrario podría enfrentarse a sanciones.
Son un intento más para que la República Islámica
deje de ser criticada y aislada por la comunidad internacional.
Algunos observadores opinan que las palabras de
Mottaki son la prueba de que el Gobierno iraní lleva a cabo una política
de " método de dos vías" cuando trata el polémico asunto de su
programa nuclear.
Desde la aprobación de la resolución, altos
funcionarios de Irán han expresado su indignación por las exigencias de
Naciones Unidas, y han advertido a la ONU de que no tome medidas
coercitivas para obligar a cumplir con esas condiciones.
El presidente iraní, Mamud Amadineyad, anunció el
martes que su país no aceptará la resolución porque el pueblo iraní "no
cederá ante el lenguaje de la fuerza".
Mientras tanto, el portavoz del Parlamento, Ali
Haddad Adel, también amenazó con la posibilidad de que Irán abandone la
Agencia Internacional de la Energía Atómica.
Además, el principal negociador nuclear de la
República Islámica, Ali Larijani, señaló que Irán continuará llevando a
cabo su programa nuclear independientemente de la resolución de la
ONU.
Este tono belicista tiene dos posibles impactos. Por
un lado, la nación iraní se mantiene unida y apoya la política exterior de
su Gobierno, confiando en que el presidente está haciendo lo
mejor para defender un derecho inalienable de Irán.
Pero por otro lado, incrementa la desconfianza de
Occidente hacia Teherán. Si se emplea un lenguaje de "amenaza", es más
difícil confiar en que el programa nuclear iraní realmente está sólo
encaminado a generar electricidad.
Teherán podría haberse dado cuenta de que este tipo
de lenguaje tan agresivo no sea a veces el más sabio, y el tono más
dialogante de Mottaki quizás esté mostrando la intención de su Ejecutivo de
perseguir la paz e impedir que Irán sea aislado de la comunidad
internacional.
Segundo, la resolución 1696 de Naciones Unidas es
más dura que la propuesta de seis naciones presentada en junio, un indicio
de que el Occidente puede estar perdiendo la paciencia con Irán.
A la República Islámica le queda poco margen de
maniobra, pues la fecha límite de la resolución es inminente. Como
resultado de ello, Irán quiere conseguir que la comunidad internacional
regrese a la mesa de negociación y evitar así posibles sanciones de la
ONU.
Tercero, la presión de Occidente se ha relajado
desde el estallido del conflicto entre Israel y el Hezbolá libanés, que ha
ocupado el foco de la opinión pública internacional durante el
último mes. Sin embargo, parece que las miras volverán de nuevo
hacia Irán una vez ha entrado en vigor el alto el fuego.
Las potencias occidentales e Israel acusan a Irán de
haber apoyado a Hezbolá con ayuda tanto económico como militar, pero
Teherán lo niega.
Mientras tanto, el secretario general de Naciones
Unidas, Kofi Annan, ha afirmado que Irán debería implicarse más en el
proceso de paz en la región por su estatus de potencia regional y su
poder de influencia sobre los países vecinos.
Sin embargo, la guerra ha terminado, por lo que
volverá la presión occidental sobre Teherán, que deberá abandonar su
lenguaje belicista por un tiempo para evitar la tensión que vendrá.
Hasta ahora, parece poco probable que la República
Islámica acepte suspender sus trabajos de enriquecimiento de uranio tal y
como solicita la ONU, pues el programa nuclear es uno de los ejes de
la política exterior del Gobierno iraní. Este asunto tan sensible afectará
no sólo a la relación entre Teherán y Occidente, sino también al conjunto
de la política exterior del Ejecutivo presidido por Amadineyad.
Aún más allá, podría determinar el futuro y destino
del país, ya que Irán siempre ha tenido una política exterior bastante
flexible y encaminada a perseguir sus intereses nacionales a través
del diálogo y la negociación. Fin