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Irán intenta rebajar postura dura con UE en asunto nuclear
  17.08.2006 Actualizado a las 19:48:53
 

     TEHERAN, 17 ago (Xinhua) -- El ministro de Exteriores iraní,  Manouchehr Mottaki, expresó el miércoles la voluntad de Irán de  discutir con la UE la posible suspensión de sus actividades de  enriquecimiento de uranio, en un obvio intento de aplacar su  habitual postura de línea dura en este tema. 

     "Irán está dispuesto a discutir la suspensión de nuestras  actividades nucleares con los Estados europeos... Incluso aunque  no sea lógica que pidan la suspensión, podemos todavía discutirlo", dijo. 

     Las declaraciones de Mottaki no han sorprendido dado que altos  funcionarios iraníes han reiterado que quieren debatir el tema  nuclear en todos los ámbitos de la comunidad internacional. 

     Pero ha sido uno de los pocos funcionarios de alto rango que  han adoptado un tono más suave en sus palabras para relajar la  tensión con Occidente desde que el Consejo de Seguridad de la ONU  aprobó el pasado 31 de julio una resolución que exige a Irán que  suspenda el enriquecimiento de uranio antes del próximo 31 de  agosto o de lo contrario podría enfrentarse a sanciones. 

     Son un intento más para que la República Islámica deje de ser  criticada y aislada por la comunidad internacional. 

     Algunos observadores opinan que las palabras de Mottaki son la  prueba de que el Gobierno iraní lleva a cabo una política de " método de dos vías" cuando trata el polémico asunto de su programa nuclear. 

     Desde la aprobación de la resolución, altos funcionarios de  Irán han expresado su indignación por las exigencias de Naciones  Unidas, y han advertido a la ONU de que no tome medidas  coercitivas para obligar a cumplir con esas condiciones. 

     El presidente iraní, Mamud Amadineyad, anunció el martes que su país no aceptará la resolución porque el pueblo iraní "no cederá  ante el lenguaje de la fuerza". 

     Mientras tanto, el portavoz del Parlamento, Ali Haddad Adel,  también amenazó con la posibilidad de que Irán abandone la Agencia Internacional de la Energía Atómica. 

     Además, el principal negociador nuclear de la República  Islámica, Ali Larijani, señaló que Irán continuará llevando a cabo su programa nuclear independientemente de la resolución de la ONU. 

     Este tono belicista tiene dos posibles impactos. Por un lado,  la nación iraní se mantiene unida y apoya la política exterior de  su Gobierno, confiando en que el presidente está haciendo lo mejor para defender un derecho inalienable de Irán. 

     Pero por otro lado, incrementa la desconfianza de Occidente  hacia Teherán. Si se emplea un lenguaje de "amenaza", es más  difícil confiar en que el programa nuclear iraní realmente está  sólo encaminado a generar electricidad. 

     Teherán podría haberse dado cuenta de que este tipo de lenguaje tan agresivo no sea a veces el más sabio, y el tono más dialogante de Mottaki quizás esté mostrando la intención de su Ejecutivo de  perseguir la paz e impedir que Irán sea aislado de la comunidad  internacional. 

     Segundo, la resolución 1696 de Naciones Unidas es más dura que  la propuesta de seis naciones presentada en junio, un indicio de  que el Occidente puede estar perdiendo la paciencia con Irán. 

     A la República Islámica le queda poco margen de maniobra, pues  la fecha límite de la resolución es inminente. Como resultado de  ello, Irán quiere conseguir que la comunidad internacional regrese a la mesa de negociación y evitar así posibles sanciones de la ONU. 

     Tercero, la presión de Occidente se ha relajado desde el  estallido del conflicto entre Israel y el Hezbolá libanés, que ha  ocupado el foco de la opinión pública internacional durante el  último mes. Sin embargo, parece que las miras volverán de nuevo  hacia Irán una vez ha entrado en vigor el alto el fuego. 

     Las potencias occidentales e Israel acusan a Irán de haber  apoyado a Hezbolá con ayuda tanto económico como militar, pero  Teherán lo niega. 

     Mientras tanto, el secretario general de Naciones Unidas, Kofi  Annan, ha afirmado que Irán debería implicarse más en el proceso  de paz en la región por su estatus de potencia regional y su poder de influencia sobre los países vecinos. 

     Sin embargo, la guerra ha terminado, por lo que volverá la  presión occidental sobre Teherán, que deberá abandonar su lenguaje belicista por un tiempo para evitar la tensión que vendrá. 

     Hasta ahora, parece poco probable que la República Islámica  acepte suspender sus trabajos de enriquecimiento de uranio tal y  como solicita la ONU, pues el programa nuclear es uno de los ejes  de la política exterior del Gobierno iraní. Este asunto tan  sensible afectará no sólo a la relación entre Teherán y Occidente, sino también al conjunto de la política exterior del Ejecutivo  presidido por Amadineyad. 

     Aún más allá, podría determinar el futuro y destino del país,  ya que Irán siempre ha tenido una política exterior bastante  flexible y encaminada a perseguir sus intereses nacionales a  través del diálogo y la negociación. Fin