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Nicaragua: una contienda electoral inédita
  05.06.2006 Actualizado a las 13:43:53
 

     MANAGUA, 4 jun (Xinhua) -- Todo está listo para que la campaña  electoral nicaragüense arranque formalmente: las cuatro alianzas  electorales han escogido cuidadosamente a los candidatos con mayor  impacto sobre el electorado. 

     Esta vez los nicaragüenses tendrán la oportunidad de escoger  entre dos opciones sandinistas y dos liberales. Las elecciones  generales se realizarán el día 5 de noviembre de este año. 

     Los contendientes saben que la lucha será feroz, tanto que las  organizaciones partidistas han procurado escoger con sumo cuidado a  los aspirantes a vicepresidentes que, por primera vez, no serán  simples figuras decorativas. 

     En una disputa caracterizada por el énfasis en los personajes y  no en las propuestas programáticas, la escogencia de los candidatos  a la vicepresidencia parece resultar clave y determinante a la hora  de causar un efecto intenso sobre los votantes. 

     No se trata de candidatos accesorios, pero sí muy complementarios.  No fueron escogidos por imagen, por sus apellidos o alcurnia, y  algunos son caras completamente nuevas en la política nacional. 

     Uno de los iconos del papel de "los compañeros" de fórmula  presidenciales es, quizás, el caso del diputado Jaime Morales Carazo,  escogido para acompañar al ex presidente Daniel Ortega, por la  alianza Unidad Nicaragua Triunfa. 

     Morales Carazo, biznieto de un ex presidente de Nicaragua y  hermano de un banquero sumamente influyente, fue cabecilla de las  fuerzas que combatieron al gobierno sandinista en la década de los  años 80, liderado por Daniel Ortega. 

     Como jefe negociador de la "contra", Morales pactó con Ortega los  acuerdos de paz de Sapoá, que permitieron la desmovilización de las  fuerzas de tarea de la "contra" y la conclusión de la guerra que  asoló el país durante casi dos décadas. 

     Ortega no sólo intenta ganar la confianza del voto de miles de  campesinos que se unieron a la contrarrevolución contra su gobierno,  sino que, sobre todo, busca proyectar un gesto de reconciliación y  unidad entre los nicaragüenses. 

     En tanto, la Alianza Liberal Nicaragüense-Partido Conservador (ALN- PC), que encabeza el banquero Eduardo Montealegre, el preferido de  Washington, seleccionó a un empresario productor, Fabricio Cajina,  en un claro interés por atraer el voto campesino. 

     El voto del sector rural ha sido clave y fuente de poder del  Partido Liberal Constitucionalista (PLC), controlado por el ex  presidente Arnoldo Alemán Lacayo, fuerza que ahora intenta atraer el  liberal disidente, Eduardo Montealegre. 

     Cajina, campechano en su forma de ser, es un ingeniero químico  industrial poco conocido en el entarimado político nicaragüense.  Amante de la agricultura y la vida de campo, fue alcalde de un  humilde pueblo llamado San José de los Remates. 

     De hablar sencillo y tímido, Cajina parece ser un hombre de fácil  acercamiento a la gente común y corriente, dice ser "hombre de  palabra y enemigo del engaño y la corrupción". 

     Por su parte José Rizo, del PLC, escogió como coequipero al  académico José Antonio Alvarado, quien ocupó tres ministerios en el  gobierno de Arnoldo Alemán y fue ministro de Salud del actual  gobierno del presidente de Nicaragua, Enrique Bolaños. 

     Con la escogencia de Alvarado, Rizo intenta consolidar y  compactar el mayoritario, pero deteriorado, voto liberal, atomizado  por los desaciertos y actos de corrupción del ex presidente Alemán. 

     Alvarado es uno de los artífices del resurgimiento del PLC y les  da confianza a los liberales que aún se aferran a la figura de  Alemán, pero también representa al liberalismo disidente que se unió  al presidente Bolaños "en la lucha contra la corrupción". 

     Desde la Alianza por la República (APRE), un proyecto político  del presidente Bolaños, Alvarado forjó un fuerte liderazgo que lo ha  proyectado como el "liberalismo de manos limpias", que tomó  distancia de la depredación de los recursos públicos. 

     Herty Lewites, del Movimiento Renovador Sandinista (MRS), ex  alcalde de la capital, expulsado del FSLN por disputarle la  candidatura presidencial a Ortega, escogió como compañero de campaña  a Edmundo Jarquín Calderón un ex funcionario del BID. 

     Jarquín, considerado "mano fuerte" del ex presidente del Banco  Interamericano de Desarrollo, Enrique Iglesias, fue embajador del  gobierno de Nicaragua, en la década de los 80, en México y España. 

     Casado con una hija de la ex presidenta Violeta Chamorro, la  nominación de Jarquín intenta apaciguar el nerviosismo y ganar la  confianza del capital nacional y extranjero que, aunque en público  no vetan a Ortega, en privado recuerdan sus desmanes del pasado. 

     La fórmula Lewites-Jarquín busca proyectarse como la verdadera  alternativa electoral ante un "orteguismo confrontativo que pone en  riesgo la gobernabilidad y la estabilidad nacional". 

     Dado el panorama anterior, es obvio que la campaña electoral  nicaragüense será agitada e intensa. Los contrincantes no se darán  tregua y, posiblemente, la campaña sucia será inevitable, aunque  desde ahora todos la repudian. 

     Resulta obvio que la contienda que concluye el 5 de noviembre  próximo en las urnas se torna compleja y muy distante de la  polarización que caracterizó las últimas campañas que llevaron al  poder a Violeta Chamorro, Arnoldo Alemán y a Enrique Bolaños. 

     La ausencia de polarización política quizás estaría indicando que  entre los nicaragüenses prevalece el hastío por los políticos  tradicionales y los planteamientos impetuosos. 

     Las ofertas tradicionales parecen quedar en el olvido ante  votantes que ahora exigen planteamientos serios, plataformas de  gobierno incluyentes, balanceadas, razonables y, sobre todo, en  favor de los intereses nacionales, no de cúpulas. Fin