
CHENGDU, 29 may (Xinhua) -- "Es
tan rolliza. ¿Muerde?" pregunta Irena, de 16 años de edad, mientras
acaricia cuidadosamente a Jingjing, un cachorro de oso panda de ocho
meses.

Irena es uno de los diez niños supervivientes de la
matanza que sacudió la ciudad rusa de Beslan dos años atrás que se han
desplazado hasta China con fines terapéuticos, donde el ansiado
encuentro con los simpáticos osos juega un rol principal.
Al principio Irena parecía algo nerviosa, sus
piernas temblaban ligeramente mientras esperaba con sus compañeros a que un
trabajador de la "guardería" para pandas de Chengdu, capital de
la provincia suroccidental china de Sichuan, trajera al animal.
Cuando Jingjing se sentó a sus pies parecía que los
ojos de los niños iban a salirse de sus órbitas. Durante un momento sus
manos dudaron, antes de lograr, finalmente, tocar al animal,
tranquilizados por la docilidad y suavidad de Jingjing.
La timidez de los niños desaparece pronto. Jingjing
frota su cabeza contra ellas y mueve sus piernas con placer, provocando
carcajadas en todo el grupo.
Diez minutos después Jingjing tiene que regresar con
su cuidador. "Ha terminado tan pronto", lamenta Irena. "Todo el
tiempo temía que pudiera morderme, pero creo que el bambú que tenía
en las manos debe saber mejor que mi brazo."
El primer día de septiembre de 2004, un grupo de
milicianos armados tomó a más de 1.000 rehenes en un colegio de Beslan, en
la república rusa de Osetia del Norte. El secuestro concluyó tres
días después con un intercambio de disparos que costó la vida a 331
inocentes, más de la mitad niños.
Muchos han sido los países de todos los continentes,
entre ellos China, que han ofrecido asistencia médica a Rusia tras la
catástrofe. De acuerdo con Tsogoev Alan, el doctor ruso que ha
acompañado a los niños a China, los esfuerzos realizados por los
especialistas chinos han logrado la recuperación de más de 30
niños.
Este grupo llegó a la ciudad de Sanya, en la
provincia insular de Hainan, el pasado 2 de mayo para seguir un
tratamiento tradicional chino. La pasada semana se desplazaron a la
provincia de Sichuan donde compartieron actividades con los niños
locales.
Los psicólogos afirman que el tratamiento con
mascotas puede jugar un rol fundamental para la superación de traumas. Los
delfines, por ejemplo, son empleados en todo el planeta para tratar
a los niños afectados por autismo.
Una de las niñas, tras adquirir un peluche en la
tienda de recuerdos del centro afirma con satisfacción: "me llevo el panda
a casa". El grupo regresará a sus hogares mañana martes. Fin