Por Liu Guoqiang y Carlos
Acat-Koch
LIMA, 23 may (Xinhua) -- Los candidatos que
disputarán el 4 de junio la presidencia de Perú en segunda vuelta no han
logrado convencer a la ciudadanía, por lo que los electores votarán por el
"mal menor", según observadores.
Casi 16 millones y medio de peruanos elegirán entre
el aspirante del Partido Nacionalista Unión por el Perú (PNUPP), Ollanta
Humala, y el del Partido Aprista Peruano (PAP), Alan García, al mandatario
que será investido para el quinquenio 2006-2011.
Ambos alcanzaron en las elecciones del 9 de abril
pasado las mayores votaciones relativas (Humala el 30,6 por ciento y
García el 25,4 por ciento), pero no lograron el 50 por ciento más uno de
los votos válidos necesarios.
En el nuevo proceso, la lucha de García y Humala por
convencer al electorado que le fue esquivo en la primera vuelta no logra
ser contundente como se apreció en el debate del 21 de mayo que fue
trasmitido a nivel nacional por la radio y televisión.
Humala, radical y agresivo, y García, moderado y
permeable, lanzaron sus propuestas de gobierno, no exentas de "puyazos",
con algunas coincidencias como la inclusión social para superar la
fragmentación, la pobreza y el atraso que cubre a un 50 por ciento
de la población y divide al país andino en un "Perú oficial" y un
"Perú real".
Otra coincidencia, si así puede decirse, es que
ninguno de los dos candidatos presidenciales explicó cómo financiarán sus
iniciativas de inversión en programas sociales, en el agro y en la
rebaja de combustibles (petróleo, gasolina y gas).
A ello se agrega la intención de ambos de retornar a
la Constitución de 1979, firmada por el extinto líder aprista Víctor
Haya de la Torre, y desechar la promulgada en el régimen del
depuesto mandatario Alberto Fujimori (1990-2000), aunque Humala
adicionó su intención de convocar a otra Asamblea Constituyente.
En el tema económico, Humala plantea un modelo
distinto al "neoliberal" que encabezó Fujimori y que continúa el actual
jefe de Estado, Alejandro Toledo (2001-2006), pero sin puntualizar su
concepto de "nacionalización".
Tampoco hubo definiciones sobre el futuro del
Tratado de Libre Comercio (TLC) suscrito el 12 de abril por Perú con
Estados Unidos y que mereció críticas de los mandatarios de Venezuela,
Hugo Chávez, y de Bolivia, Evo Morales.
Los jefes de Estado consideran el acuerdo comercial
lesivo (al igual que el pretende firmar el presidente colombiano Alvaro
Uribe) a los intereses de la Comunidad Andina de Naciones (CAN).
Humala y García sólo han dicho que "revisarán" el
TLC antes de que sea ratificado por los respectivos Congresos, e igual
ocurre con los contratos en marcha suscritos con empresas foráneas para la
explotación de los recursos naturales.
Según las encuestas, García "ganó" el debate a
Humala, pero nadie afirma que el triunfo es contundente.
Esa situación conlleva a que el próximo gobierno
carecería de gobernabilidad, porque será elegido con "votos prestados" o
"votos no convencidos".
Esos sufragios representan en el universo el 44 por
ciento de los electores, que dieron su respaldo a nivel presidencial, el 9
de abril, a otras fuerzas como la alianza derechista Unidad Nacional
(24,7 por ciento), la fujimorista Alianza por el Futuro (7,5 por
ciento), la centrista Frente del Centro (6,25 por ciento) y la
evangélica Restauración Nacional (4,5 por ciento), además de otras
14 listas.
El respaldo ciudadano a una administración
gubernamental de Humala o de García será frágil si nos atenemos a los
resultados de la primer avuelta. Esta situación hace que el nuevo gobierno
(a partir del 28 de julio) tenga una debilidad institucional.
Lo anterior obliga a mirar hacia los resultados para
la conformación del próximo Congreso, a pesar que el cómputo aún
permanece en el 92,5 por ciento de los votos escrutados.
El PNUPP y el PAP colocarían el mayor número de
legisladores (aproximadamente 40 cada uno), pero no tendrían
individualmente el control absoluto del Congreso (61 de los 120 escaños),
seguidos por Unidad Nacional y Alianza por el Futuro y posiblemente
Restauración Nacional, Frente del Centro y Perú Posible.
Ante esta circunstancia, sea Humala o García el
mandatario electo, tendrá que buscar el consenso o la concertación para
gobernar, sin descartarse alianzas con otras fuerzas políticas, a fin de
consolidar el régimen constitucional.
Empero, hay factores internos y externos que podrían
beneficiar o perjudicar a ambos candidatos en los días que faltan para la
segunda vuelta.
A nivel interno está el efecto Montesinos, en
referencia al ex jefe virtual del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN)
y brazo derecho de Fujimori, Vladimiro Montesinos, procesado por encabezar
la mayor red de corrupción en la historia del país.
Montesinos la semana pasada, previo al debate de los
candidatos, reveló mediante un cassette que la asonada que dirigió Humala
(entonces comandante del Ejército) el 29 de octubre de 2000, con 50
soldados de un cuartel en el sur del país, "fue una farsa".
El ex asesor presidencial dejó ver que dicha
revuelta "coadyuvó" a su salida clandestina por el puerto del Callao a
bordo de un velero.
Antes, en 2001, se denunció que el ex secretario y
ex ministro de Interior de García (1985-1990), Agustín Mantilla, había
recibido dinero de Montesinos para la campaña electoral aprista del año
2000, motivo por el cual fue sentenciado y recluido.
A ello se agrega que un ex vocero humalista afirmó
que había un audio comprometedor de "Montesinos con García" que implicaba
incluso al actual gobernante, Alejandro Toledo, mismo que sería dado a
conocer "en el momento oportuno".
A nivel externo, figuran las sostenidas
intervenciones de los mandatarios de Venezuela, Hugo Chávez, y de Bolivia,
Evo Morales, en favor de Humala, incluyendo apariciones públicas con él en
Caracas y La Paz, y que han merecido reproches diplomáticos de la
Cancillería peruana que las califica de "injerencia en la política
interna".
La carencia de explicaciones sobre la financiación
de los programas sociales, las críticas mutuas y los factores internos y
externos, han hecho que los peruanos no tengan definido a que
candidato otorgarán su voto para convertirlo en el próximo
mandatario.
Lo cierto es que, el nuevo presidente, sea quien
sea, deberá buscar alianzas para lograr la gobernabilidad durante su
administración. Fin