BAGDAD, 23 may (Xinhua) -- El nuevo
gobierno iraquí dirigido por el primer ministro Nuri al-Maliki tomó el
juramento el 20 de este mes tras ser aprobado por el Parlamento, lo que
supone la formación del primer gobierno de unidad nacional de Irak después
del final de la guerra.
Todo el mundo espera que el nuevo gobierno pueda
mejorar la situación de seguridad y economía de este país agobiado por la
guerra. Así, todas las miradas estarán puestas en si el nuevo
gobierno servirá de "calmante" o "medicina a medida" para que el
país se libre de los conflictos étnicos y logre la paz y
estabilidad.
VARIOS PUESTOS CLAVES SIGUEN VACÍOS
Entre los más de treinta miembros del nuevo
gabinete, más de la mitad corresponden a los suníes, y Nuri al-Maliki
asumirá el ministerio del Interior temporalmente, miemtras que el
viceprimer ministro, el suní Salam al-Zigum al-Zoubaie, y el también
viceprimer ministro, el kurdo Barham Salih, fueron nombrados
ministro interino de Defensa y ministro interino de Asuntos de
Seguridad Nacional, respectivamente.
La lista de los miembros del nuevo gabinete
demuestra que ya está determinada la posición predominante de los suníes
en la configuración del poder político iraquí.
No obstante, unos pocos parlamentarios árabes suníes
abandonaron la sesión después de que fuera anunciada la lista del
gabinete sin el nombramiento de los ministros del Interior, Defensa
y Seguridad Nacional.
El hecho de que los tres ministerios relacionados
con la seguridad del país estén ocupados temporalmente por el primer y
viceprimer ministros demuestra que las diferentes facciones del
nuevo gobierno no han alcanzado consenso alguno en el problema de
seguridad.
Aunque el nuevo gabinete ha jurado el cargo, el
hecho de que varios puestos importantes sigan vacíos deja muchas
incertidumbres para la futura situación de Irak.
¿SERA AL-MALIKI MEJOR QUE AL-JAAFARI?
Después de ser aprobado por el Parlamento, Al-Maliki
prometió considerar la estabilidad y seguridad social y la reconstrucción
económica del país como las tareas de urgencia especial del nuevo
gobierno y dedicar todo su esfuerzo por lograr la reconciliación
nacional basándose en el diálogo nacional y los intereses comunes.
De acuerdo a su experiencia, Al-Maliki debería tener
la fuerza necesaria para cumplir sus promesas, pues participó en el diseño
de la nueva Constitución de Irak, participó en las negociaciones con
suniés y kurdos en representación de los chiíes, y formó parte del comité
encargado de eliminar los restos del Partido Socialista Baaz Arabe.
Se puede decir que, como importante protagonista en
la reconstrucción política del Irak de postguerra, Al-Maliki conoce
muy bien la estructura y el mecanismo del nuevo gobierno, su
capacidad actual y su futuro.
No obstante, el pueblo aún teme que Al-Maliki siga
el ejemplo de Al-Jaafari, por eso espera que el nuevo gobierno no sea una
repetición del gobierno transitorio.
Actualmente en Irak, la seguridad social está fuera
de control con inumerables incidentes sangrientos; continúan los
conflictos por el poder político, que está dividido entre tres facciones;
la resistencia contra Estados Unidos sigue fuerte; el país está
estancado en la reconstrucción económica y el pueblo vive en
miseria. Solucionar estos problemas es la misión apremiante del
nuevo gobierno.
Los analistas locales consideran que, frente a esta
situación, el nuevo gobierno puede por lo menos servir como "calmante" o
" medicina a medida" para superar los problemas que afectan a Irak.
Pero poder lograrlo o no es una gran prueba para la inteligencia
colectiva del nuevo gabinete.
NUEVO GOBIERNO DEBE EQUILIBRAR LOS INTERESES DE CADA
FACCIÓN
Una parte de los iraquíes no es optimista ante el
papel de Al- Maliki, sosteniendo que él y Al Jaafari tienen similares
condiciones y teorías para gobernar, por lo que el nuevo gobierno
difícilmente podrá tener éxitos notables.
Los analistas locales señalan que la tarea
primordial de Al- Maliki es superar los prejuicios étnicos, restablecer la
seguridad, mejorar el nivel de vida del pueblo, y reconstruir la confianza
de los iraquíes hacia el gobierno. Para este fin, Maliki tiene que
lograr el consenso entre las diferentes facciones .
Sin duda alguna, el gobierno de Al-Maliki ha logrado
el apoyo de Estados Unidos, pues su secretaria de Estado y el ministro de
Defensa se manifestaron optimistas tras realizar varias visitas
relámpago a este país de Oriente Medio el mes pasado.
Para Estados Unidos, la formación del nuevo gobierno
iraquí es una buena señal, ya que, a corto plazo, puede relajar la presión
política y militar para Estados Unidos, contener a la fuerza contra
Estados Unidos, y reprimir los conflictos étnicos.
A largo plazo, en los próximos cuatro años, el
gabinete de Maliki se dedicará a buscar la reconciliación nacional,
allanar las diferencias sectarias, establecer un Irak multipolítico, y
reconstruir la economía. Sólo así Estados Unidos podrá lograr
establecer a Irak como un "ejemplo democrático" para la región.
No obstante, ante un nuevo gobierno que nació bajo
presiones tanto internas como externas, no sería muy realista esperar que
asuma tantas cargas en tan corto plazo. Fin