GUIYANG, 18 may (Xinhua) -- En la provincia
suroccidental china de Guizhou existen, según las autoridades, al menos
70.000 toxicómanos, a finales de 2005, y la mayoría de ellos se
encuentran en la capital provincial, Guiyang. Sin embargo, los 10
centros de tratamiento con que cuenta la ciudad sólo pueden dar
cabida a 3.000 personas.
Dos ex-adictos, Wu Shunguo y su
mujer, Yu Hongfang, han logrado ganarse el respeto y el apoyo de la
comunidad local en sus esfuerzos por ayudar a otros adictos a escapar del
agujero de las toxicomanías mediante su propia
experiencia.
La delicada voz de Yu Hongfang es casi imperceptible
cuando recuerda lo que las drogas le han robado: su juventud, su
autoestima y su primer marido.
Siendo adolescente Yu aceptó unos cigarrillos de una
mujer que apenas conocía, un error que siempre lamenta. "Era una
traficante, pero no fui consciente hasta que me convertí en una adicta.
Hubiera preferido matarme antes que esperar un minuto para una nueva
dosis".
Fue internada en diversas ocasiones, pero siempre
retornaba a su mismo círulo de amistades, compuesto por otros toxicómanos,
nada más volver a la calle. Incluso la muerte de su primer marido, a
causa de una sobredosis, le causó un dolor escaso. "Una vez que te
conviertes en adicta, pasas a ser una persona torpe y apática".
Fue su hija quien la sacó finalmente del
agujero.
"Cuando salí del tratamiento de desintoxicación en
1995, mi hija de seis años se arrodilló y me pidió que dejara las drogas
por ella. Permaneció arrodillada cerca de 20 horas y se negó a
incorporarse hasta que le di mi palabra".
Las rodillas ensangrentadas de la menor persuadieron
a Yu de mantener su palabra. Se alejó de sus amistades y encontró un
trabajo temporal en una sauna. Allí conoció a Wu Shunguo en 1999.
Wu había sido condenado a trabajos forzados, castigo
menor comparado con el encarcelamiento, pero se fugó. "Prefería no
volver a casa, por lo que permanecía todo el día en la sauna",
recuerda Yu, quien rápidamente lo reconoció como toxicómano.
Wu era la oveja negra de su familia. Vendió la
vivienda de sus padres para conseguir más dinero para su adicción, por lo
que fue despreciado por sus hermanos. Su ex-mujer perdió rápidamente la
esperanza en el matrimonio y solicitó el divorcio un año después de
celebrar la boda.
"Yu fue la primera persona que me trató con cariño
en años. Me contó su experiencia y me convenció de que yo también podía
dejar la droga".
Siguiendo su consejo volvió a cumplir su condena y
consiguió su libertad en 2003. Poco después se casaron y se establecieron
en una pequeña comunidad a 25 kilómetros de Guiyang. Allí crearon
una línea telefónica con el objetivo de ayudar a otros toxicómanos.
"No tuvimos que publicitarnos, la prensa se encargó
de ello, y rápidamente comenzamos a recibir muchas llamadas" afirma Wu,
quien cuenta en la actualidad con 36 años. "Algunos pedían poder tratar
el caso en persona, e incluso vivir con nosotros para poder dejar su
adicción. Así empezó el club."
Con sede en un antiguo colegio, "el club" es una
organización no gubernamental que ofrece terapia psicológica y apoyo para
quienes desean abandonar su relación con las drogas. Más de 100
personas han pasado por sus instalaciones en los últimos tres años.
Cada integrante del club paga 500 yuanes (62,5
dólares USA) al mes para cubrir sus gastos de manutención y una revisión
médica mensual. Yu gestiona los fondos, distribuye "pagas" a los
miembros y se asegura de que ni un céntimo sea destinado a drogas.
Wu recuerda con tristeza la vez que abofeteó a una
chica tras descubrirla ofreciendo heroína al resto de miembros.
La chica, apellidada Jin, rompió a llorar. "Me sentí
herida, claro, pero fue extrañamente confortante saber que Wu se había
comportado de este modo porque se preocupaba por mí". No volvió a
consumir la droga.
Sin embargo, no todo son éxitos. Incapaz de acabar
con su adicción Li Dapeng abandonó el club en abril de 2005. Fue
detenido poco tiempo después por la policía e internado en un centro de
reforma a 500 metros del club.
"Visitamos el centro hace un par de semanas, pero Li
evitó encontrarse con nosotros, sólo nos transmitieron el mensaje de
que sentía profundamente habernos fallado", comenta Wu.
Chen Guangwu, responsable de la lucha contra la
droga en la ciudad de Guiyang, alaba los esfuerzos de la pareja. "Se trata
de un complemento necesario de los esfuerzos de la administración,
por lo que seguimos muy de cerca su desarrollo y sus actividades,
las cuales ya han sido imitadas por otras organizaciones en
distintos lugares del país."
Las estadísticas oficiales señalan que China contaba
a finales de 2004 con 1,072 millones de toxicómanos. Un 44,3 por ciento de
los 650.000 portadores del VIH registrados en el país contrajeron el
sida por su adicción a las drogas. Fin