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Nuevo Gobierno haitiano tiene un largo camino que recorrer
  15.05.2006 Actualizado a las 14:12:26
 

     Por Pan Guojun y Leng Tong  

     PUERTO PRINCIPE, 14 may (Xinhua)-- Rene García Preval prestó juramento este domingo como nuevo presidente de Haiti.  

     El mandatario de la nación más pobre de Latinoamérica tiene  durante sus cinco años de mandato una ardua tarea que cumplir a la hora de reconstruir una nación devastada por el conflicto interno  y actos de violencia así como la extrema pobreza. 

     Los 200 años de guerra e inestabilidad interna ha convertido a  Haití, el primer país de América Latina en declarar su  independencia y la primera república de la raza negra, en la  nación más pobre del hemisterio occidental. 

     Estadísticas oficiales haitianas indican que al cierre de 2005, el Producto Interno Bruto de esta nación fue de apenas 3.262  millones de dólares USA, para un promedio inferior a los 400  dólares per cápita.  

     Más del 70 por ciento de los 8,4 millones de haitianos se  encuentra en extrema pobreza y el 80 por ciento de la fuerza  laboral está sin empleo.  

     La tasa de analfabetismo alcanza un porcentaje del 80 por  ciento. 

     De acuerdo con la prensa local, los funcionarios públicos,  incluído el personal policial, no han podido cobrar su salario  mensual debido a dificultades económicas. 

     Las centrales eléctricas haitianas se encuentran fuera de  servicio o en estado prácticamente paralizado. 

     Puerto Príncipe, la capital, sólo está en condiciones de  suministrar el servicio de electricidad durante espacio de una  hora cada día.  

     El nuevo Parlamento elegido recientemente tomó juramento el 8  de este mes a la luz de las velas. 

     La capital deja siempre a los fóraneos una impresión de ser una ciudad llena de polvo y basura. 

     En los últimos diez años, algunas naciones europeas han hecho  promesas de conceder a Haití una gran suma de ayuda financiera, la cual en su mayoría no se ha cumplido.  

     Las instituciones financieras internacionales han actuado de  manera reacia a la hora de otorgar créditos a la nación caribeña,  por considerarla insolvente. 

     Se puede afirmar que sería sumamente díficil y casi imposible  que una nación como Haití, carente de recursos naturales, con una  fuerte carga de la deuda externa e inestabilidad política, sin una suficiente ayuda exterior, pueda lograr la recuperación económica  dependiendo de sus propias fuerzas. 

     Fuentes diplomáticas acreditadas en esta ciudad y medios de  comunicación extranjeros indican que Preval es el presidente de un país mucho más pobre e inestable que hace cinco años. 

     El expresidente Aristide disolvió durante su mandato el  Ejército nacional sin colocar de forma debida a los 50.000  militares, quienes con sus armas constituyen un factor  desestabilizador para la sociedad haitiana.  

     En febrero de 2004, un grupo de rebeldes formados por ex  integrantes del disuelto Ejército tomó de manera fácil el control  de gran parte del territorio nacional, acción que forzó la salida  de Aristide, exiliado en la actualidad en Sudáfrica.  

     El despliegue de las fuerzas de estabilización de las Naciones  Unidas desde junio de ese mismo año ha logrado garantizar la  seguridad relativa de parte de las ciudades y regiones haitianas,  sin que se haya podido lograr una situación de estabilidad en todo el país. 

     Puerto Príncipe ha sido escenario de actos de asesinato,  secuestro, asalto armado y actos de decapitación al estilo de Irak.  

     Con la elección de Preval la capital haitiana se tornó  relativamente estable, situación que según muchos analistas y  políticos podría ser efímera, dado que las fuerzas  antigubernamentales y la oposición están a la espera de lo que  pueda ofrecer el Gobierno para emprender sus acciones de rebeldía  o actos de violencia. 

     Poco despúes de su elección, Preval hizó una visita a Estados  Unidos,donde fue recibido en apenas cinco minutos por el  presidente George W. Bush, razón por lo que el veterano político  regresó con prácticamente nada concreto.  

     La Aministración Bush prefiere asumir una actitud de  observación sobre la nueva política del presidente haitiano,  considerado el Aristide II por ser su aliado durante años, antes  de decidir la ayuda financiera que pueda otorgar a la pobre nación caribeña. 

     El pueblo hatiano deposita en Preval -- conocido por ser  generoso con el pueblo y que no tuvo casos de corrupción durante  su primer mandato -- la esperanza de que sea un presidente capaz  de lograr la recuperación y el desarrollo así como la estabilidad  de la nación y la mejora del nivel de vida de los haitianos.  

     Se prevé que los cincos años de mandato de Preval, que se  inician hoy, serán unos años más difíciles y comprometidos. Fin