Por Edgardo Loguercio
BRASILIA, 8 may (Xinhua) -- Brasil tendrá un triple
objetivo en la Cumbre de la Unión Europea (UE)-América Latina y el Caribe
que se celebrará en Viena, Austria, del 11 al 13 de este mes.
El gobierno brasileño buscará avanzar en las
negociaciones de la Ronda de Doha, ratificar su papel de liderazgo en la
región sudamericana, y dar un nuevo impulso a un acuerdo con los
europeos.
En el contexto de las crecientes dificultades que
enfrenta el proyecto de la Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN),
propuesto por Brasil, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva anunció que
buscará personalmente despejar el camino en varios frentes
preferentes de la agenda externa de su país.
Los problemas en la región, que se agudizaron desde
la decisión de Bolivia de nacionalizar sus reservas de petróleo y gas,
levantan preocupaciones entre los líderes del viejo continente.
La semana pasada, el ministro alemán de Asuntos
Extranjeros, Frank Steinmeier, subrayó de visita en Brasilia que las
señales llegadas desde América Latina son "difíciles de interpretar" para
los europeos.
Aunque Steinmeier manifestó la confianza del
gobierno alemán en el papel de Brasil como motor de la integración
sudamericana, dejó en claro que la UE está observando la evolución del
anuncio de Venezuela de que abandonará la Comunidad Andina de Naciones
(CAN) y la probable salida de Uruguay del Mercado Común del Sur
(Mercosur).
En la visión de los europeos, la moderación de Da
Silva puede actuar durante la cúpula como contrapeso frente a la figura
siempre problemática del presidente venezolano Hugo Chávez, y la de su
socio, el boliviano Evo Morales, que deberá centrar gran parte de las
atenciones.
La nacionalización de los hidrocarburos decretada
por Morales afectó tanto a la petrolera estatal brasileña Petrobras como a
empresas europeas tales como la española Repsol, la británica BP y
la francesa Total.
La cúpula de Viena es además considerada de gran
importancia para la Ronda de Doha de la Organización Mundial de Comercio
(OMC), ya que estarán presentes 60 de los 149 miembros de la
entidad.
El mandatario brasileño se reunirá con la canciller
alemana Angela Merkel, y podrá entrevistarse con el primer ministro
británico, Anthony Blair, para analizar la forma de llevar a buen
término las negociaciones.
Desde enero pasado, Lula insiste en que los
estancamientos en la Ronda de Doha sólo podrán ser superados a través de
negociaciones directas de los jefes de Estado y de gobierno.
La cúpula de Viena será la primera oportunidad para
llevar a la práctica la idea del mandatario, y una segunda ocurrirá en la
reunión del G-8, grupo de los países más poderosos del mundo,
prevista para julio próximo y a la que Brasil fue invitado.
A su vez, el ministro de Relaciones Exteriores
brasileño, Celso Amorim, quien participó a comienzos de este mes de una
reunión de representantes del G-20 (grupo de países en desarrollo que
actúan en bloque en las negociaciones), se mostró confiado en llegar a una
conclusión de la Ronda de Doha antes del 31 de diciembre de este
año.
Con la anunciada disposición de los Estados Unidos
para reducir los subsidios agrícolas bajo la condición de un gesto similar
de los europeos, la UE es responsabilizada por el fracaso de la última
reunión de la OMC realizada en Hong Kong en diciembre último.
Las principales demandas de Brasil en Viena serán la
reducción de las tarifas para la comercialización de los productos
agrícolas y contra los subsidios de algunos países a la producción local
que inhiben las exportaciones brasileñas a esos mercados.
En declaraciones a la prensa, el canciller Amorim
afirmó que "debe prevalecer la idea de que los beneficios deben ser
indirectamente proporcionales al nivel de desarrollo de cada país y
los sacrificios directamente proporcionales a su desarrollo".
La diplomacia brasileña espera también que el
acuerdo Unión Europea y el Mercosur (Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay,
y Venezuela en proceso de tornarse miembro pleno) reciba un impulso
político en Viena, con miras a la tercera ronda negociadora entre
los bloques prevista para los próximos meses.
Brasil registró un saldo comercial positivo con la
Unión Europea de 8.300 millones de dólares en 2005, resultado de 26.500
millones en exportaciones y 18.200 millones de dólares en
importaciones.
Como principal socio comercial de los países
europeos en América del Sur, Brasil deberá retomar su papel de líder
regional, disminuido por la presencia del presidente venezolano, y buscar
un nuevo impulso en su relación con la UE. Fin