Por Ricardo Bittancourt
RIO DE JANEIRO, 6 may (Xinhua) -- En diciembre de
2004 cuando se creó en Lima la Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN),
el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, patrocinador de la
idea, llegaba al punto culminante de su política externa.
Desde entonces, las pretensiones del mandatario de
ejercer un liderazgo sobre América del Sur han enfrentado una serie de
contratiempos y la proyectada integración sudamericana atraviesa uno
de sus momentos más desfavorables.
Esas dificultades ya eran perceptibles en Brasilia
en septiembre de 2005, cuando se realizó la primera cumbre de la CSN a la
que asistieron sólo siete de los 12 gobernantes de la CSN.
Las ausencias correspondieron a los mandatarios de
Argentina, Colombia, Uruguay, Surinam y Guayana, quienes enviaron a sus
representantes.
La inasistencia de presidentes y la falta de
compromiso en asuntos importantes sobre integración comercial y política
hicieron que la resolución final estuviera a punto de no suscribirse,
aunque surgió la iniciativa de convertir a la CSN en una zona de libre
comercio.
A partir de entonces el cuadro se ha deteriorado
considerablemente, con el debilitamiento visible del Mercado Común
del Sur (Mercosur) y el agravamiento de las tensiones entre Uruguay
y Argentina debido a la llamada "guerra de las papeleras".
La intención de Uruguay de instalar dos fábricas de
celulosa y papel a orillas del río Uruguay, que comparte con Argentina, ha
encontrado desde hace más de un año una dura resistencia de parte
del gobierno de Néstor Kirchner, que alega que las plantas generarán
contaminación.
En lugar de apelar a la mediación de alguno de los
gobiernos vecinos, como Brasil o utilizar los arcaicos mecanismos de
solución de controversias de la Organización de Estados Americanos (OEA),
Argentina decidió presentar el caso ante la Corte Internacional de
La Haya el 4 de este mes.
Por si eso fuera poco, Uruguay y Paraguay, los
llamados socios "menores" del Mercosur, han hecho públicas sus críticas al
bilateralismo argentino-brasileño en el comando del bloque y
amenazan con abandonarlo, ya que no representa ventajas reales para
ninguno de ellos.
Además la lentitud y los pocos resultados de la
integración regional llevaron a Colombia y Perú a negociar por separado
acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, país que propuso la fallida
Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
En menos de un año, aquel panorama promisor de 12
países cada vez más integrados, bajo la benevolente hegemonía de Brasil
(que no cumplió sus promesas de financiar proyectos integradores), se ha
venido esfumando y apagando.
Ahora es el turno de Bolivia, que decidió
nacionalizar los hidrocarburos y convirtió a la estatal brasileña
Petrobras en el principal blanco de la medida, ya que es la más importante
de las empresas extranjeras que operan en territorio boliviano.
En abierto desafío al presidente Lula, a quien poco
tiempo atrás citaba como modelo, el presidente Evo Morales ocupó
militarmente las instalaciones de la empresa brasileña y arrió la bandera
de la compañía, enarbolando en su lugar la enseña boliviana.
Dos días antes, Morales había firmado en La Habana
un acuerdo comercial con Venezuela y Cuba, en el marco de la Alternativa
Bolivariana para las Américas (Alba), inventada por el presidente
venezolano Hugo Chávez, en contraste con el ALCA.
El presidente de Venezuela no oculta su ambición de
convertirse en el líder regional, y los abundantes "petrodólares" de que
dispone le han permitido asumir un papel continental que Brasil no pudo (o
no supo) desempeñar.
Chávez estuvo al lado de Morales en la
nacionalización y llevó la "voz cantante" en la reunión de cuatro
mandatarios (Morales, Lula, Kirchner y el propio Chávez) realizada en
Puerto Iguazú (Argentina) para discutir el futuro energético de América
del Sur.
El melancólico papel desempeñado por Lula en ese
encuentro presidencial, en el que rigurosamente no consiguió nada sino una
promesa de continuidad en el suministro de gas boliviano, puede ser
el "canto del cisne", es decir, la última acción, del político que
soñó con ser líder sudamericano. Fin