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Análisis: Momento crítico para el liderazgo de Lula
  07.05.2006 Actualizado a las 15:17:31
 

     Por Ricardo Bittancourt 

     RIO DE JANEIRO, 6 may (Xinhua) -- En diciembre de 2004 cuando se  creó en Lima la Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN), el  presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, patrocinador de la  idea, llegaba al punto culminante de su política externa. 

     Desde entonces, las pretensiones del mandatario de ejercer un  liderazgo sobre América del Sur han enfrentado una serie de  contratiempos y la proyectada integración sudamericana atraviesa uno  de sus momentos más desfavorables. 

     Esas dificultades ya eran perceptibles en Brasilia en septiembre  de 2005, cuando se realizó la primera cumbre de la CSN a la que  asistieron sólo siete de los 12 gobernantes de la CSN. 

     Las ausencias correspondieron a los mandatarios de Argentina,  Colombia, Uruguay, Surinam y Guayana, quienes enviaron a sus  representantes. 

     La inasistencia de presidentes y la falta de compromiso en  asuntos importantes sobre integración comercial y política hicieron  que la resolución final estuviera a punto de no suscribirse, aunque  surgió la iniciativa de convertir a la CSN en una zona de libre  comercio. 

     A partir de entonces el cuadro se ha deteriorado  considerablemente, con el debilitamiento visible del Mercado Común  del Sur (Mercosur) y el agravamiento de las tensiones entre Uruguay  y Argentina debido a la llamada "guerra de las papeleras". 

     La intención de Uruguay de instalar dos fábricas de celulosa y  papel a orillas del río Uruguay, que comparte con Argentina, ha  encontrado desde hace más de un año una dura resistencia de parte  del gobierno de Néstor Kirchner, que alega que las plantas generarán  contaminación. 

     En lugar de apelar a la mediación de alguno de los gobiernos  vecinos, como Brasil o utilizar los arcaicos mecanismos de solución  de controversias de la Organización de Estados Americanos (OEA),  Argentina decidió presentar el caso ante la Corte Internacional de  La Haya el 4 de este mes. 

     Por si eso fuera poco, Uruguay y Paraguay, los llamados socios  "menores" del Mercosur, han hecho públicas sus críticas al  bilateralismo argentino-brasileño en el comando del bloque y  amenazan con abandonarlo, ya que no representa ventajas reales para  ninguno de ellos. 

     Además la lentitud y los pocos resultados de la integración  regional llevaron a Colombia y Perú a negociar por separado acuerdos  de libre comercio con Estados Unidos, país que propuso la fallida  Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA). 

     En menos de un año, aquel panorama promisor de 12 países cada vez  más integrados, bajo la benevolente hegemonía de Brasil (que no  cumplió sus promesas de financiar proyectos integradores), se ha  venido esfumando y apagando. 

     Ahora es el turno de Bolivia, que decidió nacionalizar los  hidrocarburos y convirtió a la estatal brasileña Petrobras en el  principal blanco de la medida, ya que es la más importante de las  empresas extranjeras que operan en territorio boliviano. 

     En abierto desafío al presidente Lula, a quien poco tiempo atrás  citaba como modelo, el presidente Evo Morales ocupó militarmente las  instalaciones de la empresa brasileña y arrió la bandera de la  compañía, enarbolando en su lugar la enseña boliviana. 

     Dos días antes, Morales había firmado en La Habana un acuerdo  comercial con Venezuela y Cuba, en el marco de la Alternativa  Bolivariana para las Américas (Alba), inventada por el presidente  venezolano Hugo Chávez, en contraste con el ALCA. 

     El presidente de Venezuela no oculta su ambición de convertirse  en el líder regional, y los abundantes "petrodólares" de que dispone  le han permitido asumir un papel continental que Brasil no pudo (o  no supo) desempeñar. 

     Chávez estuvo al lado de Morales en la nacionalización y llevó la  "voz cantante" en la reunión de cuatro mandatarios (Morales, Lula,  Kirchner y el propio Chávez) realizada en Puerto Iguazú (Argentina)  para discutir el futuro energético de América del Sur. 

     El melancólico papel desempeñado por Lula en ese encuentro  presidencial, en el que rigurosamente no consiguió nada sino una  promesa de continuidad en el suministro de gas boliviano, puede ser  el "canto del cisne", es decir, la última acción, del político que  soñó con ser líder sudamericano. Fin