BRASILIA, 19 mar (Xinhuanet) -- El
ministro de Hacienda de Brasil, Antonio Palocci, considerado responsable
de la estabilización económica y del masivo apoyo empresarial al gobierno
de Luiz Inácio Lula da Silva, podría tener que abandonar su cargo para
enfrentar graves acusaciones de corrupción.
En medio de un aumento de la tensión política en
vísperas de la campaña electoral para la contienda de octubre próximo, en
la que el presidente Da Silva buscaría la reelección, nuevos testimonios
contra el ministro llevaron a la oposición a declarar el fin de su
apoyo a la figura de Palocci.
A pesar de que el mandatario brasileño reiteró su
confianza en el titular de Hacienda y aseguró incluso que si recibiera su
renuncia no la aceptaría, son cada vez más las voces que consideran su
situación como insostenible.
"Debo mucho, pero mucho a Palocci", destacó el
presidente el viernes pasado, pidiendo a la oposición que lo dejen
gobernar hasta el fin de su mandato.
De la misma forma, el oficialista Partido de los
Trabajadores (PT) , habitual crítico de las políticas de su propio
ministro, salió unitariamente en defensa de Palocci, adjudicando las
acusaciones a tentativas desestabilizadoras de la oposición.
Esta semana, al mismo tiempo que el Partido Social
Demócrata Brasileño (PSDB), principal rival del PT, lanzaba la candidatura
del gobernador paulista Geraldo Alckmin a la presidencia de la
República, las declaraciones de un humilde casero ante una Comisión
Parlamentaria de Investigación (CPI) pusieron en jaque la
continuidad del titular de Hacienda.
Francenildo dos Santos Costa, casero de una mansión
en el barrio Lago Sur de la capital brasileña alquilada por un amigo
personal del ministro, confirmó ante el Congreso haber visto a Palocci en
el lugar, donde supuestamente se repartía dinero obtenido en tráfico de
influencias y operaciones de "lobby".
La casa había sido alquilada por un grupo de ex
asesores del ministro cuando era intendente de la ciudad de Ribeirao
Preto.
Francenildo asegura que Palocci frecuentaba
asiduamente la casa del Lago Sur, donde habría estado "entre 10 y 20
veces", siendo llamado "jefe" por sus ex colaboradores.
Las declaraciones del casero se sumaron a las del
chófer Francisco Chagas da Costa a la misma CPI, quien había afirmado que
Palocci continuaba manteniendo relación con el grupo, lo que es
negado por el ministro.
Los problemas de Palocci comenzaron a mediados del
año pasado, en medio de la ola de denuncias contra dirigentes del PT por
haber montado un esquema de compra de votos en el Congreso para conseguir
apoyo político a las propuestas del Ejecutivo.
Rogerio Buratti, ex secretario de gobierno en
Ribeirao Preto, acusó a Palocci en septiembre de 2005 de haber recibido
pagos mensuales en los años 2001 y 2002 de una empresa de recolección de
basura a cambio de mantener los contratos con el municipio.
Gobierno y oposición cerraron filas entonces en su
apoyo al ministro, quien se dispuso a dar explicaciones a los legisladores
y afirmó que se trataba de calumnias.
Aunque el episodio pareció en aquel momento dejar a
Palocci más fortalecido, cuando salía de la difícil situación como garante
de la estabilidad, los fantasmas volvieron a perturbar la tranquilidad del
ministro a comienzos de este año.
En declaraciones a la CPI, que investiga ese caso,
Buratti reveló que él y ex asesores de Palocci en Ribeirao Preto se
reunían en una lujosa casa en el barrio Lago Sur de Brasilia, que
funcionaba como una "central de negocios".
En enero, Palocci aseguró a los legisladores que
nunca había estado en esa casa, pero los nuevos testimonios abrieron
serias interrogantes.
La mansión fue alquilada por Vladimir Poletto, uno
de los operadores de la llamada "República de Ribeirao Preto", quien había
sido apuntado además como intermediario de una remesa de dólares
enviada desde Cuba para financiar la campaña electoral del
presidente Da Silva en 2002.
El jueves pasado, la tentativa del PT de impedir el
testimonio del casero irritó a la oposición y profundizó la crisis. Aunque
el Supremo Tribunal Federal suspendió a última hora el testimonio, hubo
tiempo suficiente para que Francenildo confirmara "hasta morir"
haber visto a Palocci en la mansión.
Esa noche, el líder del PSDB en el Senado, Arthur
Virgilio, en nombre del bloque opositor, reclamó la salida del
ministro.
"El PSDB no se vincula más a la defensa de Palocci,
que nos causó una profunda decepción. El PSDB reclama y exige la demisión
de Antonio Palocci, la economía está madura lo suficiente para soportar
que él sea defenestrado", dijo Virgilio en la tribuna de la Cámara
Alta.
Además de las turbulencias que puede crear en los
mercados un posible cambio en Hacienda, el desenlace de la crisis tendrá
consecuencias sobre la campaña electoral, puesto que se pensaba que
Palocci comandaría la campaña electoral del presidente.
Con las denuncias, el ministro no dejaría su cargo
para ayudar a Da Silva a buscar un nuevo mandato, sino para enfrentar un
proceso ante la Justicia.
Un nuevo testigo apareció este domingo para
complicar aún más la credibilidad del ministro.
En entrevista publicada por el diario "Folha de Sao
Paulo", el dueño de la inmobiliaria que alquiló la casa al grupo de ex
asesores ratificó los dichos del casero y dijo haber saludado
personalmente a Palocci en el lugar donde éste afirmó no haber estado
"jamás". Fin