
SANTIAGO, 12 mar (Xinhuanet) -- La
asunción de Michelle Bachelet a la presidencia de Chile representa un
hecho histórico que refleja un significativo cambio cultural en Chile y el
inicio de un ciclo en la vida política nacional.
El 11 de marzo de 2006 quedará marcado en la memoria
de la sociedad chilena, considerada tradicionalmente como conservadora,
como un hito que indica un avance hacia la modernidad y la apertura
hacia nuevas formas de hacer política.
La llegada de la militante socialista a La Moneda
refleja los cambios producidos en Chile en los últimos años, a la vez
ratifica la estabilidad política, económica e institucional que ha
alcanzado el país bajo la conducción de la coalición política más exitosa
de su historia.
La primera mujer presidenta en 186 años de
independencia y la aplicación de una política que intenta proyectar a las
mujeres chilenas a un sitio de igualdad con los hombres, representan algo
novedoso no sólo para Chile, sino también para toda la América
Latina.
La mandataria aspira a establecer "un nuevo estilo
en la política nacional", con un énfasis ciudadano, promoviendo rostros
nuevos a la primera escena e instalando la paridad de géneros como
objetivo de sus designaciones en los cargos públicos.
La doctora socialista de 54 años de edad, separada,
con tres hijos, agnóstica, que prometió en su campaña luchar contra las
desigualdades sociales, abriría un nuevo ciclo político, dentro de
la misma coalición centroizquierdista, que gobierna a Chile desde
1990.
NECESIDAD DE CONSOLIDAR EL VIGOR DE LA COALICION
GOBERNANTE
Hasta ahora, la Concertación por la Democracia ha
conseguido instalar en La Moneda a cuatro presidentes consecutivos:
Patricio Aylwin, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Ricardo Lagos y ahora
Bachelet.
A pesar de la diversidad y problemas internos, esta
alianza no ha cambiado el color político y se mantiene el compromiso de
los partidos Demócrata Cristiano, Socialista, Por la Democracia y
Radical Socialdemócrata de avanzar unidos en su proyecto político,
enfrentando a la derecha.
Es previsible que la coalición, con Bachelet al
frente, pueda consolidar el vigor mostrado durante los últimos comicios,
cuando logró la mayoría en ambas cámaras del Congreso, estableciendo
políticas públicas que beneficien verdaderamente a los sectores
menos favorecidos.
Bachelet ha prometido hacer "un gobierno ciudadano"
mediante un diálogo permanente y transparente con la población, lo que
promete cambiar la percepción que existe en una gran parte de los chilenos
respecto a la política.
La propia mandataria ha dicho que no es posible
resolver todos los problemas del país en cuatro años de gobierno, pero
podría abrirse el camino para reencantar a los cada vez más indecisos o
indiferentes ante la acción de la política y ampliar el apoyo a su
proyecto de perfeccionar la democracia y reducir las desigualdades.
En recientes encuestas en Chile, los partidos
políticos aparecen con muy baja credibilidad, algo frecuente en los países
latinoamericanos. Según datos del servicio electoral chileno, más de
dos millones de personas entre 18 y 30 años no se han inscrito para
votar.
El programa de la presidenta, además de mantener
altos ritmos de crecimiento económico, incluye políticas públicas para
mejorar la distribución de los ingresos, aspecto en que Chile entre los
peores países del mundo.
La presidenta ha definido 36 medidas que deben ser
abordadas en los próximos 100 días, con las cuales pretende consolidar su
estilo de gobierno, que cuenta con sólo cuatro años para sacar adelante
sus ambiciosos planes.
PESE AL BUEN MOMENTO DE LA ECONOMIA, NO SERA FACIL
AVANZAR
Para el nuevo gobierno no será una tarea fácil,
aunque recibe un país con una economía en expansión, con un Producto
Interno Bruto que crece a un 6 por ciento al año y una inflación
controlada.
Deberá hacer frente a una pobreza extrema que afecta
al casi 18 por ciento de los 15 millones de chilenos, un desempleo en
torno el 7 por ciento y niveles importantes de desigualdad social, con
alta incidencia negativa en los sectores de bajos recursos.
En los proyectos de Bachelet está la creación de un
sistema de protección social para 2010, que supone hacer reformas
importantes, entre ellas la que ya se discute sobre el sistema de
pensiones, que augura fuerte enfrentamiento con los partidos de
derecha.
También ha asumido el compromiso de la protección y
fomento de las pequeñas y medianas empresas, principal fuente de empleo
para el país y sostén de la clase media, lo cual implica realizar reformas
estructurales en el Estado y emplear recursos.
En política exterior, aspecto en que el gobierno de
Ricardo Lagos logró importantes triunfos, en particular por la firma de
Tratados de Libre Comercio con potencias como Estados Unidos, la Unión
Europea y China, el nuevo gobierno enfrenta el complicado desafío de
las relaciones con sus vecinos.
Aunque al parecer hay vientos favorables, el peso de
los conflictos históricos es muy grande para resolverlos en cuatro años
de mandato. No obstante, en la perspectiva de integración que va
tomando fuerza en América Latina, el gobierno de Bachelet podría dar
pasos importantes en la búsqueda de solución a los viejos problemas
con Bolivia y Perú.
La demanda boliviana de una salida al mar y las
pretensiones peruanas de revisar los límites marítimos constituyen retos
que Chile deberá enfrentar tarde o temprano.
La presidenta Bachelet asume su gobierno en medio de
un panorama auspicioso, con la oportunidad de introducir mejoras en la
vida de los chilenos más desposeídos y concretar los desafíos del anhelado
desarrollo sustentable. Fin