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Bachelet y los desafíos del nuevo ciclo político en Chile
  13.03.2006 Actualizado a las 09:46:43
 

      SANTIAGO, 12 mar (Xinhuanet) -- La asunción de Michelle Bachelet a  la presidencia de Chile representa un hecho histórico que refleja un  significativo cambio cultural en Chile y el inicio de un ciclo en la  vida política nacional. 

     El 11 de marzo de 2006 quedará marcado en la memoria de la  sociedad chilena, considerada tradicionalmente como conservadora,  como un hito que indica un avance hacia la modernidad y la apertura  hacia nuevas formas de hacer política. 

     La llegada de la militante socialista a La Moneda refleja los  cambios producidos en Chile en los últimos años, a la vez ratifica  la estabilidad política, económica e institucional que ha alcanzado  el país bajo la conducción de la coalición política más exitosa de  su historia. 

     La primera mujer presidenta en 186 años de independencia y la  aplicación de una política que intenta proyectar a las mujeres  chilenas a un sitio de igualdad con los hombres, representan algo  novedoso no sólo para Chile, sino también para toda la América  Latina. 

     La mandataria aspira a establecer "un nuevo estilo en la política  nacional", con un énfasis ciudadano, promoviendo rostros nuevos a la  primera escena e instalando la paridad de géneros como objetivo de  sus designaciones en los cargos públicos. 

     La doctora socialista de 54 años de edad, separada, con tres  hijos, agnóstica, que prometió en su campaña luchar contra las  desigualdades sociales, abriría un nuevo ciclo político, dentro de  la misma coalición centroizquierdista, que gobierna a Chile desde  1990. 

     NECESIDAD DE CONSOLIDAR EL VIGOR DE LA COALICION GOBERNANTE 

     Hasta ahora, la Concertación por la Democracia ha conseguido  instalar en La Moneda a cuatro presidentes consecutivos: Patricio  Aylwin, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Ricardo Lagos y ahora Bachelet. 

     A pesar de la diversidad y problemas internos, esta alianza no ha  cambiado el color político y se mantiene el compromiso de los  partidos Demócrata Cristiano, Socialista, Por la Democracia y  Radical Socialdemócrata de avanzar unidos en su proyecto político,  enfrentando a la derecha. 

     Es previsible que la coalición, con Bachelet al frente, pueda  consolidar el vigor mostrado durante los últimos comicios, cuando  logró la mayoría en ambas cámaras del Congreso, estableciendo  políticas públicas que beneficien verdaderamente a los sectores  menos favorecidos. 

     Bachelet ha prometido hacer "un gobierno ciudadano" mediante un  diálogo permanente y transparente con la población, lo que promete  cambiar la percepción que existe en una gran parte de los chilenos  respecto a la política. 

     La propia mandataria ha dicho que no es posible resolver todos  los problemas del país en cuatro años de gobierno, pero podría  abrirse el camino para reencantar a los cada vez más indecisos o  indiferentes ante la acción de la política y ampliar el apoyo a su  proyecto de perfeccionar la democracia y reducir las desigualdades. 

     En recientes encuestas en Chile, los partidos políticos aparecen  con muy baja credibilidad, algo frecuente en los países  latinoamericanos. Según datos del servicio electoral chileno, más de  dos millones de personas entre 18 y 30 años no se han inscrito para  votar. 

     El programa de la presidenta, además de mantener altos ritmos de  crecimiento económico, incluye políticas públicas para mejorar la  distribución de los ingresos, aspecto en que Chile entre los peores  países del mundo. 

     La presidenta ha definido 36 medidas que deben ser abordadas en  los próximos 100 días, con las cuales pretende consolidar su estilo  de gobierno, que cuenta con sólo cuatro años para sacar adelante sus  ambiciosos planes. 

     PESE AL BUEN MOMENTO DE LA ECONOMIA, NO SERA FACIL AVANZAR 

     Para el nuevo gobierno no será una tarea fácil, aunque recibe un  país con una economía en expansión, con un Producto Interno Bruto  que crece a un 6 por ciento al año y una inflación controlada. 

     Deberá hacer frente a una pobreza extrema que afecta al casi 18  por ciento de los 15 millones de chilenos, un desempleo en torno el  7 por ciento y niveles importantes de desigualdad social, con alta  incidencia negativa en los sectores de bajos recursos. 

     En los proyectos de Bachelet está la creación de un sistema de  protección social para 2010, que supone hacer reformas importantes,  entre ellas la que ya se discute sobre el sistema de pensiones, que  augura fuerte enfrentamiento con los partidos de derecha. 

     También ha asumido el compromiso de la protección y fomento de  las pequeñas y medianas empresas, principal fuente de empleo para el  país y sostén de la clase media, lo cual implica realizar reformas  estructurales en el Estado y emplear recursos. 

     En política exterior, aspecto en que el gobierno de Ricardo Lagos  logró importantes triunfos, en particular por la firma de Tratados  de Libre Comercio con potencias como Estados Unidos, la Unión  Europea y China, el nuevo gobierno enfrenta el complicado desafío de  las relaciones con sus vecinos. 

     Aunque al parecer hay vientos favorables, el peso de los  conflictos históricos es muy grande para resolverlos en cuatro años  de mandato. No obstante, en la perspectiva de integración que va  tomando fuerza en América Latina, el gobierno de Bachelet podría dar  pasos importantes en la búsqueda de solución a los viejos problemas  con Bolivia y Perú. 

     La demanda boliviana de una salida al mar y las pretensiones  peruanas de revisar los límites marítimos constituyen retos que  Chile deberá enfrentar tarde o temprano. 

     La presidenta Bachelet asume su gobierno en medio de un panorama  auspicioso, con la oportunidad de introducir mejoras en la vida de  los chilenos más desposeídos y concretar los desafíos del anhelado  desarrollo sustentable. Fin