MEXICO, 7 mar (Xinhuanet) -- Las mujeres son objeto de
violencia, discriminación, desigualdad laboral, violación a sus derechos
humanos y pobreza en América Latina, a pesar de que tienen cada vez
mayor presencia en las sociedades.
Aunque la mujer avanza en el reconocimiento de sus
derechos y valor, aún existe en las diversas sociedades latinoamericanas
un esquema de discriminación de género y violencia sistematizada.
Ejemplo de ello es el caso de México, donde a pesar
de los múltiples llamados a la igualdad entre hombres y mujeres, aún se
dan los asesinatos de género.
El gobierno mexicano tuvo que abrir una fiscalía
especial para el caso de la violencia contra las mujeres.
En la localidad de Ciudad Juárez, en el estado
mexicano de Chihuahua, en los últimos 12 años se han reportado 379
asesinatos de mujeres, cuyas características revelan un hostigamiento y
odio hacia ese género.
La Fiscalía Especial para la Atención de Delitos
Relacionados con Actos de Violencia contra las Mujeres, cuyos trabajos
iniciaron el 17 de febrero pasado, luego que desapareció la fiscalía
responsable, deberá esclarecer los crímenes.
A pesar de la relevancia del caso de Ciudad Juárez,
no es la única localidad mexicana con alto número de "feminicidios", ya
que otros ocho estados y la capital del país igualan o superan las
cifras de crímenes contra mujeres.
Además, la violencia en México contra las mujeres en
su propio hogar ha alcanzado cifras alarmantes y las autoridades han
comenzado a ver a este problema con una visión social.
La mayoría de los asesinatos, lesiones y violaciones
sexuales a mujeres son autoría de sus propios esposos, compañeros, padres
o hermanos, según organizaciones feministas.
En Colombia, 91 por ciento de las mujeres sufre
diversos tipos de violencia, y cada seis días muere una de ellas por
lesiones sufridas en su propio hogar, de acuerdo con la Defensoría del
Pueblo.
Las colombianas padecen además de abuso sexual,
psicológico, desplazamiento forzado y violencia en sus casas.
Un informe de la sección chilena de Amnistía
Internacional denunció que la mujer "sigue en una posición de
subordinación y sus derechos son diariamente vulnerados".
A la mujer se le discrimina en la familia, donde el
régimen de sociedad conyugal la limita en la disposición de bienes que se
adquieren en el matrimonio, y en caso de una unión libre, a la mujer
no se le reconoce ningún derecho como pareja.
En Brasil, la situación no es diferente. Integrantes
de varias organizaciones de derechos humanos denunciaron que entre enero y
febrero de este año han sido asesinadas 60 mujeres en el estado de
Pernambuco (nordeste).
A la violencia, los activistas agregan la "omisión
del Estado" ante esos casos, como otra violación de los derechos humanos
de las fénimas.
Según cifras oficiales, Pernambuco es el estado más
violento de Brasil, con altas tasas de homicidios y un cuadro creciente de
atentados y agresiones contra mujeres, principalmente a manos de sus
compañeros o ex parejas en el ambiente familiar, escenario que se
repite en cada una de las naciones latinoamericanas.
La violencia de género no consiste sólo de crímenes
o lesiones, también están la discriminación y la desigualdad en las
actividades productivas.
Las mujeres, aunque tienen cada vez mayor presencia
en el sector laboral de los países latinoamericanos, aún se encuentran en
un segundo plano sin importar su educación o preparación académica.
El gubernamental Instituto Nacional de las Mujeres
dice que en México, con una población económicamente activa de 43,9
millones de personas, se registra una "marcada desigualdad en el acceso
femenino al mundo laboral y en los salarios".
Del total de empleados, 26,8 millones son hombres y
15,7 millones, mujeres. Los ingresos de las mujeres son, en promedio, 35
por ciento inferiores a los de los hombres.
En Argentina, las trabajadoras enfrentan peores
condiciones laborales que los hombres.
El Instituto Argentino para el Desarrollo señala que
el desempleo es mayor entre las mujeres (14 por ciento) en comparación con
el de los hombres (10 por ciento), y el 46 por ciento de las mujeres
labora en condiciones precarias,
Además, las diferencias de género también están
presentes en los salarios y en el ejercicio de cargos directivos, en los
cuales las mujeres son relegadas.
Chile, donde por primera vez asumirá una mujer como
presidenta, presenta uno de los panoramas laborales más rezagados que
afectan principalmente al género femenino.
La presidenta Michelle Bachelet asumirá el máximo
cargo del país con un gabinete equitativo entre hombres y mujeres, en
medio de cifras lastimosas para las féminas.
Las mujeres representan 36 por ciento de la fuerza
laboral chilena sobre un promedio regional de 45 por ciento.
Por un misma labor, una trabajadora chilena gana en
promedio 30 por ciento menos que un hombre, y según una encuesta, 94,6 por
ciento de las chilenas se siente discriminada en su lugar de
trabajo.
En Perú, las mujeres se encuentran en desventaja en
muchos campos incluido el laboral. La mayor parte de las féminas labora en
microempresas o en el sector informal y carecen de prestaciones
sociales. Además ganan 40 por ciento menos que los hombres.
En Paraguay, esta desigualdad salarial se hace más
evidente. Según cifras locales, las trabajadores paraguayas reciben un 74
por ciento de salario menos que los hombres.
La situación precaria de las mujeres se intensifica
en naciones centroamericanas como Panamá, Honduras y El Salvador, debido a
que laboran en el campo, en empresas ensambladoras o trabajo doméstico
mal remunerado.
La falta de empleo, la desigualdad, violencia y
pobreza, ha generado que el fenómeno de la migración en América Latina se
haya "feminizado" y en la actualidad más de la mitad de las remesas de
los emigrantes latinoamericanos son de mujeres.
De acuerdo con el Instituto Internacional de
Investigaciones y Capacitación de las Naciones Unidas, "en la actualidad
más del 54 por ciento de las remesas de América Latina son enviadas por
mujeres" .
El fenómeno se explica porque antes las mujeres iban
como esposas o hijas y ahora emigran como proveedoras económicas.
Las mujeres emigran porque en sus países no tienen
oportunidades. En Uruguay por ejemplo, el 9,4 por ciento de las mujeres
empleadas en el servicio doméstico son universitarias con 13 o más años de
estudio, debido a las dificultades que enfrentan para tener acceso a
los puestos de trabajo calificados.
En general, la falta de políticas que reconozcan el
papel de la mujer en las distintas sociedades latinoamericanas ha generado
y en muchos casos fortalecido la discriminación y violencia de género.
Fin