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Argentina y Uruguay inexplicablemente enfrentados
  20.02.2006 Actualizado a las 12:55:55
 

     BUENOS AIRES, 19 feb (Xinhuanet) -- Los gobiernos de Argentina y  Uruguay no encuentran el punto de equilibrio en sus relaciones  necesario para solucionar un conflicto que ha situado a ambos dos  países al borde de una ruptura que, de producirse formalmente o no, convertiría al ya conocido como "Caso de las papeleras" en un  punto de inflexión desde el que nada será igual entre ambas  naciones y su población. 

     Una encuesta publicada el domingo en la capital argentina  reveló que para el 76 por ciento de 1,100 argentinos consultados  por el especialista Enrique Zuleta Puceiro, la construcción de dos plantas para la producción de pasta de celulosa sobre la margen  uruguaya del compartido río Uruguay, "perjudicará las relaciones  futuras" entre argentinos y uruguayos. 

     Sólo el 9.6 por ciento de esa muestra, supuestamente  representativa de la población local, considera además que el  conflicto afectará "poco" a los vínculos rioplatenses futuros,  mientras que apenas el 1.4 por ciento de los consultados otorga  razón a Uruguay en su intención de no atender la políticamente  imposible demanda gubernamental argentina de paralizar el proyecto. 

     Destaca, no obstante, que el 71.6 por ciento de los encuestados opine que el presidente argentino, Néstor Kirchner, "debería  esforzarse por llegar a un acuerdo" con su homólogo uruguayo,  Tabaré Vázquez. 

     Ignorando a la opinión pública, el canciller local, Jorge  Taiana, ha impulsado una orden directa de Kirchner para llevar  este litigio hasta la Corte Internacional de La Haya, y solicitar  una declaración de "no innovación" por parte del tribunal, para  paralizar así la construcción de las plantas mientras no se  resuelva la cuestión de fondo, lo que quizás llevaría cinco años. 

     Un ministro de la Corte Suprema de Justicia argentina que no  comparte ese criterio, señaló a Xinhua bajo condición de anonimato que "desde su creación, La Haya nunca ha dado lugar a una medida  cautelar" como la que baraja Taiana. 

     Asimismo, el presidente del más importante tribunal de justicia en Argentina, Enrique Petracchi, cuarto en la línea de sucesión  prevista por la Constitución Nacional para ocupar el poder  ejecutivo en caso de "acefalia", indicó respecto a la marca del  Mercado Común del Sur (Mercosur) y las relaciones dentro del  bloque, que "no puede soslayarse en un ámbito de integración, la  necesaria primacía del derecho comunitario sobre las normas  internas".  

     Petracchi, que desde el 10 de diciembre de 1983 integra la  Corte Suprema de Justicia de la Nación, recordó que "no puede  existir un proceso de integración sin un Derecho Supranacional que lo regule, o normas que administren los eventuales conflictos  entre los Estados". 

     La pretensión argentina de buscar una salida judicial en La  Haya para estas diferencias, está relacionada con los compromisos  bilaterales emergentes del acuerdo que rige la administración  compartida del río Uruguay. 

     La misma fijó aquella Corte como ámbito natural para la  resolución de conflictos cuando aún no se había creado el Mercosur, que recientemente constituyó un tribunal regional con sede en  Asunción, capital del Paraguay, para dirimir conflictos como el  que acontece. 

     Kirchner y Vázquez, ambos jefes de Estado, se están mostrando  intrasigentes ante sus pueblos, y poco a poco van elevando el tono de sus apuestas. 

     Ante la amenaza argentina de recurrir a La Haya, Uruguay  advirtió que se presentaría ante la Organización de los Estados  Americanos (OEA), las Naciones Unidas (ONU) y el Mercosur. 

     Sin embargo, esta última instancia perdió fuerza de inmediato  cuando se hizo público que Paraguay había comenzado a reclamar a  Argentina los efectos contaminantes que una papelera local habría  provocado a la altura de Puerto Piray sobre el medio ambiente  fluvial compartido; mientras que Brasil encara un proyecto similar al que desató las pasiones rioplatenses, también sobre un curso de agua binacional. 

     Por si estas demostraciones de poder de los presidentes  Kirchner y Tabaré no fueran suficientes, el primero, a pesar de  los reclamos uruguayos para que el gobierno argentino paralice los piquetes que cortan la circulación fronteriza, que en este país es un delito de jurisdicción y competencia federal, recibió en su  despacho a los manifestantes, y no les pidió nada en ese sentido. 

     Vázquez, tal vez como una respuesta concreta a esa actitud, se  dispone a organizar una reunión de trabajo con su Gabinete  Nacional en Fray Bentos, localidad en la que radica el conflicto,  y dejó trascender a la prensa, incluso, que está dispuesto a  retirar su embajador en este país, lo que obligaría a Kirchner a  adoptar una medida simétrica. 

     A ese encuentro ministerial podrían sumarse, como a finales de  enero, los líderes políticos opositores a Tabaré, para respaldar  su gestión del gobierno en este punto, evidenciando que "el caso  de las papeleras" es una política de Estado, algo que Kirchner no  podría hacer, ya que la oposición, lejos de no apoyarle, le  rechaza. 

     Discretamente alineadas con la postura uruguaya, las provincias argentinas de Corrientes, Misiones y Formosa, consideradas " estados papeleros", también presionan a Kirchner en el Parlamento  local, con el objetivo de encontrar una solución al conflicto. 

     La historia reciente demuestra que el presidente argentino y  sus más cercanos colaboradores parece que olvidan, desconocen o  quieren ignorar, que desde la década de los años ochenta, en  aquellas áreas conlindantes con los ríos Paraná, Uruguay, Iguazú y Pilcomayo, en Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil, desplegaron  una serie de leyes que impulsaban la forestación con la idea  estratégica de desarrollar una industria papelera y de sus  derivados. 

     Las plantas productoras de pasta de celulosa, por lo tanto, no  son fruto de una empresa inesperado, sino el resultado natural de  un proyecto a largo plazo. 

     Sin embargo, ninguno de estos argumentos históricos parece ser  suficiente para que la normalidad vuelva a ser la novedad una vez  se revisen las relaciones bilaterales entre Argentina y Uruguay. 

     Parece que Kirchner y Vázquez no encuentran la forma más  adecuada para salir de sus propios laberintos, tal vez porque  olvidaron, o no quieren recordar, que un filósofo rioplatense,  Leopoldo Marechal, sentenció aquello de que "del laberinto se sale por arriba". Fin