WASHINGTON, 23 ago (Xinhuanet) -- El gobierno
estadounidense ha enviado recientemente mensajes contradictorios sobre la
duración de su presencia militar en Irak, pues primero propuso un plan de
retirada para el próximo año y luego advirtió contra cualquier plan
"prematuro".
Hace menos de un mes, George Casey, comandante de
las fuerzas de EEUU en Irak, reveló que el Pentágono está considerando un
importante recorte en el número de soldados en 2006, mientras los
medios de comunicación también expresaron que es inevitable la
evacuación.
No obstante, responsables de la Casa Blanca
mantienen silencio al respecto y la cúpula del ejército anunció que está
preparándose para mantener el actual nivel de presencia militar en Irak
hasta el 2009.
Estos mensajes aparentemente contradictorios
reflejan que Estados Unidos se encuentra ante un dilema sobre este
problema, bajo una fuerte presión tanto interna como externa.
El presidente George W. Bush calificó, después de la
reunión con el equipo de seguridad nacional del gabinete a principios de
este mes, las informaciones sobre una posible salida de las tropas de
Irak como "especulaciones y rumores", y advirtió que no habrá una
"retirada antes de que la misión se cumpla".
Mientras tanto, el secretario de Defensa, Donald H.
Rumsfeld, y el presidente de la Jefatura del Estado Mayor, Richard Myers,
manifestaron recientemente que ahora no es posible determinar un
cronograma para una evacuación masiva y subrayaron que la
decisión depende de la situación de seguridad en Irak, su proceso político
y el funcionamiento de sus fuerzas de seguridad.
Pese a esto, los analistas locales consideran que el
supuesto plan de evacuación de las tropas norteamericanas no circula sin
fundamentos, porque en este problema la Administración Bush afronta
una gran presión de diferentes partes.
En primer lugar, mientras las bajas estadounidenses
crecen cada día en Irak, las peticiones en favor de la evacuación aumentan
cada vez más, lo que ha provocado una creciente presión política
sobre el gobierno.
Según datos oficiales, las tropas de EEUU en Irak
son atacadas por lo menos 70 veces al día y más de 40 murieron sólo en
agosto. Mil 850 soldados norteamericanos fallecieron y miles resultaron
heridos desde que Estados Unidos lanzó la guerra contra el país del
Golfo en 2003.
El rampante número de bajas ha causado un hartazgo
entre los ciudadanos estadounidenses y una bajada de la credibilidad en la
Administración Bush para solucionar el problema de Irak.
Aunque no ha dicho nada sobre la retirada, a medida
que se aproximan las elecciones legislativas del año próximo, Bush tiene
que considerar el peso de la opinión pública sobre el Partido
Republicano. Incluso el ex secretario de Estado Henry Kissinger
advirtió a la Casa Blanca del peligro de hundirse como en
Vietnam.
En segundo lugar, desde un punto de vista puramente
militar, debido a la prolongada guerra en Irak, las fuerzas armadas ya no
dan más de sí y el moral es muy baja.
Barry McCaffrey, general norteamericano retirado,
advirtió ante la Comisión Militar del Congreso que si el Ejército tiene que
hacer otra rotación en el otoño del 2006 para mantener el actual
nivel de fuerzas en Irak, se pondrá "en el borde del abismo".
No obstante, la dura situación en Irak y los
intereses estratégicos a largo plazo de Estados Unidos en Oriente Medio no
permiten una salida masiva de las tropas.
Rumsfeld ha expresado en reiteradas ocasiones su
confianza en que las recién fundadas fuerzas iraquíes puedan asumir la
responsabilidad de seguridad cuanto antes. Sin embargo, éstas no
están en posición para reemplazar a los soldados norteamericanos
para combatir la insurgencia.
Según informes militares de Estados Unidos, entre
los 145 mil soldados iraquíes "capaces de combatir", 50 mil sólo existen
sobre el papel, otros 55 mil se niegan a luchar contra la resistencia y
sólo 14 mil están plenamente entrenados, pero tienen muchas
relaciones con los milicianos.
El vicepresidente de la Jefatura del Estado Mayor,
Peter Pace, señaló en un informe que sólo un exiguo número de soldados
iraquíes pueden combatir contra los milicianos sin "asistencia
norteamericana".
Por esta razón, aunque quiera recortar el número de
soldados en Irak, el Pentágono no tiene otro remedio que enviar refuerzos
el próximo otoño para garantizar la seguridad durante el referéndum
sobre la Constitución y las elecciones generales.
Lo más importante es el hecho de que es imposible
que el Ejército norteamericano abandone su plan estratégico para Irak,
pese a todas las conversaciones sobre la evacuación.
Según informaron los medios de comunicación de EEUU,
un informe interno del Pentágono propone construir grandes bases, de tamaño
equivalente a una pequeña ciudad, en Irak, para controlar
permanentemente este punto estratégico en el Medio Oriente.
Para concluir, los analistas locales señalaron que
el dilema de Estados Unidos sobre la salida de Irak refleja la incierta
naturaleza de la "misión en Irak" y la ambigua definición de Bush
sobre la "victoria" de la guerra.
Peter Paker, periodista de "The Washington Post"
dijo recientemente que existe una evidente brecha entre la promesa de
Bush de "no quedarse ni un día más" después de lograr el triunfo y la
cruel realidad de que nadie puede decir exactamente cuándo llegará el
momento de la salida.
El general McCaffrey calificó la situación en Irak
como "una carrera contrarreloj", porque el gobierno estadounidense no
puede arreglar una verdadera salida antes de que la situación allí se
estabilice. Fin