MONTEVIDEO, 6 mar (Xinhuanet) -- Apenas
tres horas después de la asunción del nuevo gobierno uruguayo de la
coalición de izquierda Frente Amplio-Encuentro Progresista-Nueva Mayoría
(FA-EP-NM), el Consejo de Ministros aprobó un Plan de Emergencia Social
para combatir la pobreza que afecta a casi un tercio de la población del
país.
Para llevar adelante el Plan de Atención Nacional a
la Emergencia Social (PANES), se creó el Ministerio de Desarrollo y
Participación Social, encabezado por la comunista Mariana Arismendi.
Esta primera medida tomada por el nuevo gobierno
uruguayo se basa en la seria situación de pobreza imperante en el
país.
Cifras proporcionadas por el nuevo presidente
uruguayo Tabaré Vázquez en su discurso pronunciado en el festejo de la
asunción del gobieno de izquierda, señalan que la pobreza del país casi se
duplicó, ya que pasó de 18 por ciento en 2000 a 30 por ciento en
2003.
En los niños de cero a 5 años de edad la pobreza
subió de 41 a 57 por ciento en el mismo año, en tanto que en la población
de 13 a 17 años, el fenómeno aumentó de 33 a 43 por ciento.
La situación está asociada estrechamente con la
reducción del Producto Interno Bruto (PIB), que se situó en 21 mil
millones de dólares en 1999 y cayó a 13 mil millones de dólares en 2004,
mientras que la deuda bruta del país aumentó de 8 mil millones de
dólares a 13,500 millones de dólares.
El mandatario uruguayo reiteró el 1 de marzo la
decisión de su gobierno de atacar ese flagelo que sufren los
uruguayos.
Según explicó a Xinhua la ministra de Desarrollo y
Participación Social, el PANES busca superar la fragmentación histórica de
diversos programas sociales dispersos en distintas reparticiones del
Estado.
Lamentó que, mediante intervenciones parciales, los
programas no han logrado el impacto necesario debido a duplicación de
servicios para algunos beneficiarios, mientras que otros potenciales
destinatarios muchas veces quedan sin cobertura.
Los objetivos concretos del PANES son garantizar la
atención a las necesidades básicas de las personas más vulnerables, para
de esa forma frenar el riesgo de empobrecimiento agudo que sufren amplios
sectores de la sociedad uruguaya y construir de manera colectiva y
participativa rutas de salida de la indigencia y la pobreza en el
marco de un proceso efectivo de integración social.
En ese sentido, las acciones del Ministerio de
Desarrollo y de Participación Social serán coordinadas con el Instituto
Nacional de Alimentación, el Banco de Previsión Social, la Oficina de
Planeamiento y Presupuesto, la Administración Nacional de Educación
Pública, las Intendencias Municipales de todo el país y los
Ministerios de Salud Pública, de Trabajo y Seguridad Social, de
Vivienda y del Interior.
El PANES contendrá siete planes referidos a
alimentación, ingreso, empleo, salud, educación, asentamientos precarios y
alojamiento.
Se ha establecido un plazo de dos años para su
desarrollo, lapso en el que manejará 100 millones de dólares cada año más
otros 37 millones por ejecutar del Programa Infancia y Familia,
actualmente radicado en la Presidencia de la República, además de
eventuales préstamos de organismos internacionales y apoyo de
organizaciones sociales.
El financiamiento será garantizado por el Ministerio
de Economía, pero también provendrá del respaldo popular con que cuenta el
nuevo gobierno, como apoyos expresos desde algunos sectores empresariales
de la industria, el comercio y el agro.
En principio, el plan se dirigirá a hogares cuyos
ingresos por persona no superen el valor de la canasta básica de
alimentos, definida por el Instituto Nacional de Estadística en poco más
de 40 dólares estadounidenses.
Los asistidos no se considerarán "beneficiarios"
sino ciudadanos con derechos, lo que supone la existencia de
contraprestaciones, como tareas comunitarias y cumplimiento de
obligaciones educativas y sanitarias.
Se estima que el PANES atenderá a unas 100 mil
personas en situación de "indigencia".
Según investigaciones realizadas, a ellas deberían
sumarse 100 mil más "vulnerables a la indigencia", y otras 50 mil personas
que viven en pueblos y poblados con menos de 5,000 habitantes, y a los
que el Instituto Nacional de Estadística no llega en sus trabajos de
campo.
Pero el plan no será permanente, y sólo durará dos
años, según las experiencias aplicadas en Argentina, Brasil y Venezuela,
indicó a Xinhua el viceministro de Ganadería, Ernesto Agazzi.
El 4 de marzo, el plan se lanzó en primer lugar en
Bella Unión, el pueblo "totalmente olvidado" debido a "las políticas
fracasadas de las autoridades pasadas durante las últimas dos
décadas".
En ese pueblo, situado en las fronteras con Brasil y
Argentina, la mortalidad infantil llegó a 55.1 por mil, contra un promedio
de 15 por mil en todo el país.
De los 700 niños menores de 15 años en Bella Unión,
el 90 por ciento son o fueron desnutridos, el 99 por ciento tienen anemia,
el 100 por ciento están parasitados y más del 90 por ciento presenta
fracaso escolar.
La Bella Unión se ha convertido ahora en el "faro"
de la aplicación del Plan de Emergencia Social del gobierno de Tabaré
Vázquez.
Algunos analistas opinan que el impacto directo del
Plan de Emergencia alcanzará a un porcentaje pequeño de la población, pero
constituye una señal que denota la especial sensibilidad de las
nuevas autoridades hacia sectores sociales en pobreza extrema.
Asimismo, representa el primero de los compromisos
que se comienza a llevar a la práctica tras la asunción de la izquierda al
poder. Fin