|
|

|
|
Vista
impresionante de la lamasería de
Litang. |
Un amigo me habló una vez de la
vieja ciudad de Litang y me la describió como el "primer peldaño de la
escalera hacia el techo del mundo". Situada en la prefectura autónoma
tibetana de Ganzi, en el lejano oeste de la provincia de Sichuan, Litang
posee un fuerte sabor fronterizo, con casas semejantes a fortalezas y
calles llenas de nómadas ataviados con una espada de plata en la
cintura.
Cada mes de julio, Litang
celebra un festival de caballos de renombre, lo que lo convierte en uno de
los lugares más importantes entre Chengdu, capital de la provincia de
Sichuan, y Lhasa, capital del Tíbet.
Sin embargo, yo llegué aquí en
busca de la tranquilidad de una de las zonas turísticas más remotas de
China. Aquí no hay aeropuerto, con lo que se tarda, al menos, dos días en
llegar en autobús desde la ciudad más cercana.
Afortunadamente, el paisaje es
muy bello, con lo que sentí que había viajado en el tiempo a través de
diversas estaciones, pues pasé de valles verdes a montañas otoñales rojas
y amarillas antes de alcanzar la planicie seca y árida del Tíbet.
Aquí es donde se encuentra
Litang, a una altitud de 3.900 metros sobre el nivel del mar. Cuando la
carretera giró en un recodo, pude ver una panorámica de la ciudad
camuflada perfectamente en el paisaje. Muchas casas están hechas con
piedra marrón que se mezclan con el entorno del lugar. Sólo la decoración
de las ventanas sobresale, marcando un festival de verdes, rojos,
amarillos y azules envueltos entre banderas de rezos que cuelgan de las
calles principales.
Litang es también un lugar donde
las nuevas tecnologías, como Internet, han sido introducidas
recientemente, y donde la tracción ecuestre es aún normal. El resultado es
una increíble mezcla de tradiciones ancestrales y de modernidad.
 |
|
Una
monja de Litang pasa delante de un muro pintado con mantras
budistas. |
 |
|
Ver
caballos pastando libres cerca de las praderas de Litang es algo muy
común. |
Como un visitante foráneo que
era, me quedó sorprendido al descubrir un lugar aislado del mundo, pero
que a la vez estaba lleno de vida. Las calles de Litang están siempre
llenas, con nómadas vestidos con abrigos hechos con lana de yak, para
quienes la ciudad es un centro de abastecimiento muy importante y un lugar
de socialización.
Como si de un oasis se tratara,
sirve para dar calor humano a una zona deshabitada en la planicie
tibetana. Tras caminar unos minutos fuera de la ciudad, me encontré a mí
mismo en un vasto campo donde no crecían árboles.
Me sentí como si estuviera en el
techo del mundo, con un paisaje repleto de montañas con picos nevados todo
el año que llegaban tan lejos como mi vista era capaz de alcanzar.
El cielo me pareció más azul y
profundo, incluso mis pulmones parecían encogerse. Incluso el menor
esfuerzo aceleraba mi ritmo y mi respiración. Comencé a sentir la falta de
oxígeno.
Tan pronto como desapareció el
sol tras las nubes bajas, la temperatura descendió y un viento frío me
hizo recordar la altitud a la que me hallaba.
|

|
|

|
|
ArUn
arco iris aparece tras una casa típica de Litang decorada con
ventanas de colores. |
|
|
Desde aquí pude ver varias
stupas tibetanas y un muro rojo a lo alto de la ciudad. Se trataba de la
antigua lamasería de Litang, construida tras la visita del IV Dalai Lama
hace más de cuatrocientos años y ahora hogar de un millar de monjes.
Cuando iba subiendo hacia la lamasería, me encontré con muchos campesinos
que intentaban traspasar la barrera del idioma y conversar conmigo.
Familias enteras trabajaban en la recolección del trigo. Grupos de niños
alegres corrían y jugaban de un lado para el otro, mientras los rostros
amables de los mayores me saludaban con un encantador tashidelek, el
saludo tradicional tibetano.
 |
 |
 |
| Cada vez hay
más gente a la que le gusta pasear en bicicleta por la carretera
entre Chengdu y Lhasa, deporte que se ha convertido en popular en
los últimos años. |
Un empleado trabaja en un cable eléctrico en
Litang. |
Banderas de los rezos en una estupa tibetana. Si se las lleva el
viento, bendecirán los campos de la
planicie. |
Pronto se hizo de noche, momento
en el que los lugareños se reúnen en los puestos de comida callejeros que
hay en el centro de la ciudad. Personas de otras etnias y tibetanos se
concentran alrededor de barbacoas y comparten carne asada antes de entrar
en un bar para ver las últimas películas filmadas en Lhasa. Cuando me
encontraba sentado con mis nuevos amigos y degustando un té caliente, me
di cuenta que la ciudad de Litang es el lugar ideal para reunirse y
disfrutar de un entorno bello, único y de una buena
compañía.
|
|
|
|
| FormEn
el centro de Litang hay una estatua tibetana. |
|
Retrato de
una mujer tibetana con la tradicional rueda de los rezos, objeto en
cuyo interior hay un rollo de papel con mantras
tibetanos. |
Escrito por Zhang Tao y Wang Qixiu Fotografías de Xia Juxian
y Guo Yan Corrección de estilo por J. Vicente Castelló (China Revista
Ilustrada)
|