Portada
 
Izquierda ante futuros retos en Uruguay
  08.12.2004 Actualizado a las 10:07:18
 

     MONTEVIDEO, 7 dic (Xinhuanet) -- El socialista Tabaré Vázquez y el  Encuentro Progresista-Frente Amplio (EP-FA), llegarán al poder por  primera vez en la historia de Uruguay con oportunidades y desafíos  sin precedentes en los últimos 50 años del país. 

     La izquierda se instalará en el gobierno el 1 de marzo próximo  con mayoría parlamentaria tras lograr 50.45 por ciento de los votos,  un apoyo popular jamás obtenido por partido político alguno desde  1952 en el país sudamericano . 

     Es previsible que Vázquez sume más apoyo al inicio de su gestión  ante su compromiso de crear puestos de trabajo mediante empleos  transitorios y reducir el impuesto al consumo. 

     Con seguridad, Vázquez se allegará el respaldo de los sindicatos,  aglutinados en la central única de trabajadores uruguayos Plenario  Intersindical de Trabajadores-Convención Nacional de Trabajadores  (PIT-CNT). 

     Dirigentes del PIT-CNT han expresado su apoyo a la izquierda y  recibido con esperanza el anuncio de que Vázquez convocará a la  negociación colectiva a trabajadores y empresarios y los integrará a  un inédito Consejo Nacional de Economía. 

     Tabaré Vázquez, del EP-FA, de izquierda, desplazó en los comicios  del pasado 31 de octubre a los partidos tradicionales, el Colorado  (en el poder), y el Blanco (en la oposición), que habían dominado la  historia política del país. 

     El tercer pilar en el que Vázquez aspira a sostener su gobierno  son los empresarios, quienes un par de semanas antes de la elección  recibieron de buen grado el anuncio de que Danilo Astori sería el  próximo ministro de Economía. 

     Esta designación anticipada generó confianza entre los hombres de  negocios, porque consideran que Astori camina con los pies sobre la  tierra y conoce perfectamente el terreno que pisa, comentan  analistas uruguayos. 

     Una semana después de los comicios, Vázquez comenzó contactos  políticos con la futura oposición, para integrar los directorios de  los entes estatales y las empresas públicas. 

     La maniobra dará al futuro mandatario mayor espacio que los 100  días de tregua con que tradicionalmente han contado los nuevos  gobiernos en el país, de 3.4 millones de habitantes, dos terceras  partes de los cuales viven en la pobreza. 

     La recuperación inicial de la economía tanto nacional como  latinoamericana así como la comprensión y apoyo de las instituciones  internacionales financieras han creado un ambiente muy favorable  para el próximo gobierno. 

     El fortalecimiento del Mercado Común del Sur (Mercosur) y la  inminente creación de la Comunidad Sudamericana de Naciones han  constituido una condición favorable externa para que el próximo  gobierno de izquierda ponga en pleno su capacidad y sabiduría.  

     Vázquez y sus equipo puede aprovechar las experiencias positivas  y negativas de los gobiernos de izquierda en Sudamérica como Brasil  y Argentina, para encontrar un camino de gobernabilidad más allanado  hacia el desarrollo.

  En realidad, las oportunidades pueden resumirse en una frase: Es  una oportunidad histórica e inmensa de realizar los verdaderos  cambios que la izquierda ha proclamado por más de cuatro décadas y  que, en Uruguay, pueden llevar varios lustros. 

     Los desafíos también son fuertes para el primer gobierno de  izquierda en la historia uruguaya, de acuerdo con un buen número de  analistas políticos. 

     En este aspecto, el nuevo gobierno necesitará diseñar un plan de  prioridad económica y social, que si tiene resultados eficaces  inmediatos, le garantizará el respaldo de la mayoría del electorado. 

     El pasado 11 de noviembre, el futuro ministro de Economía Astori,  dijo que los primeros pasos de su equipo cuando se instale en el  gobierno serán el plan de emergencia social, la reforma tributaria y  un proyecto de estímulo a las inversiones. 

     El nuevo gobierno tendrá que convenir con organismos  multilaterales términos menos gravosos para los reembolsos, el año  próximo, de la deuda pública, que alcanza dos mil 293 millones de  dólares. 

     Aparte de ese plan, la administración futura requiere programas a  plazos mediano y largo para reducir la marginalidad mediante la  educación y el trabajo, el fortalecimiento de la familia y sus  valores. 

     Para el nuevo gobierno es necesario fortalecer el estado de  derecho, incluida la seguridad jurídica en todos sus aspectos, con  una mejora en el funcionamiento de las instituciones. 

     La tarea de la nueva administración no será sencilla y menos aún  por el amplio triunfo de la reforma constitucional que estatiza los  servicios de agua potable y saneamiento e introduce un cambio  constitucional de no poca importancia.  

     Conforme a la reforma, se sustituye el principio de la  expropiación con una indemnización justa y previa por la  confiscación de las inversiones realizadas por las empresas privadas.  

     A mediano plazo, Uruguay debe salir de la crisis económica, que  se inició con un periodo de crítica recesión en 1998 y se agravó  tras el colapso financiero de 2001 en Argentina, lo que asestó un  duro golpe el sistema financiero local.  

     La crisis generó una caída de la producción de al menos 15 por  ciento entre 2000 y 2002, el desempleo se disparó a 20 por ciento y  la pobreza se duplicó a dos terceras partes de la población del país.  

     Las relaciones con el movimiento sindical en el futuro  constituyen toda una incógnita, porque la amplísima mayoría de la  dirigencia sindical uruguaya es simpatizante de los sectores de  izquierda y, aunque esto parezca una ventaja para el gobierno, puede  no llegar a serlo en algunos casos. 

     Vázquez deberá ingeniárselas para que funcionarios públicos y  políticos de su partido y de los otros cumplan con lo que ha dicho  hasta el cansancio en su campaña electoral: "Podremos meter la pata,  pero nunca la mano en la lata". 

     Con esa frase, que recordarán los uruguayos buen tiempo, el  futuro presidente dejó claro que prefiere equivocarse a caer en la  corrupción, el amiguismo y los favores políticos, que han dominado  el quehacer gubernamental durante medio siglo en Uruguay. 

     Por otra parte, mantener la unidad del Frente Amplio, esclarecer  los casos de desaparecidos durante el régimen militar y tratar con  los militares consituyen otros retos para el próximo gobierno  izquierdista en Uruguay. 

     Las futuras autoridades emprendieron una serie de acciones a fin  de aprovechar las oportunidades y enfrentar los desafíos que le  aguardan. Fin