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SANTIAGO (Xinhua) -- El desaforado diputado del Partido
Radical de Chile, Eduardo Lagos, detenido durante tres días por el
delito de uso indebido de instrumento público, abandonó el sábado el
anexo cárcel Capuchinos luego que la Corte de Apelaciones ratificó
otorgarle libertad bajo fianza.
Según la reciente acusación contra el legislador, Eduardo Lagos
habría falsificado sus certificados de estudios escolares y
universitarios, ejerciendo ilegalmente la profesión de ingeniero.
Esta denuncia se une a la serie de casos de corrupción que han
sacudido al país.
Durante el último año se ha visto que algunos parlamentarios y
funcionarios son acusados de corrupción, al aceptar sobornos,
traficar influencias o proporcionar información clave a las empresas
de sus socios.
Pero el mayor escándalo se refiere a las denuncias sobre la
participación de congresistas en una red de paidofilia dirigida por
el empresario Carlos Spiniak, quien se encuentra detenido junto con
los proxenetas de su organización.
Hasta el momento, dos oficiales de Carabineros, la policía
militarizada, están siendo procesados.
Estos ejemplos son sólo una muestra de lo difícil que ha sido
este año para las autoridades y la población de Chile.
Luego de ubicarse entre los países con menos corrupción en
Latinoamérica, los chilenos se han dado cuenta de que no eran tan
diferentes de sus vecinos.
El sorprendente aumento de la corrupción
A principios de octubre pasado, el Indice de Percepción de
Corrupción 2003, que fue elaborado por la organización Transparencia
Internacional, dio a conocer que Chile bajó del puesto 17 dentro de
los países con menos corrupción, al lugar número 20.
Ahora se encuentra en el grupo de naciones cuya situación en esta
materia ha empeorado notoriamente, como es el caso de Argentina,
Bielorrusia, Canadá, Estados Unidos e Israel.
De acuerdo con la organización, fueron los recientes casos de
corrupción los que hicieron bajar a Chile en la lista, pero, a pesar
de eso, se evaluó positivamente la reacción de las autoridades
políticas y los tribunales, que no han dudado en procesar a
parlamentarios o a ex ministros.
El índice puso de manifiesto los temores de que los casos de
corrupción salidos a la luz pública podrían afectar la imagen del
país, que siempre se había mostrado como una isla en medio de los
problemas del resto de Latinoamérica, haciéndolo especialmente
atractivo para la inversión internacional.
La situación estalló a principios de año, cuando el empresario
Carlos Filippi, en una evidente acción vengativa, denunció que había
sobornado a varios parlamentarios de la alianza oficialista para que
lo ayudaran en sus negocios a través de sus influencias.
Esta acusación terminó con el desafuero de tres diputados,
Cristián Pareto, Jaime Jiménez y Antonio Leal, junto al proceso en
contra del ex subsecretario del Ministerio de Transportes, Patricio
Tombolini.
La desconfianza en las autoridades siguió creciendo cuando se
detectó que en el mismo Ministerio de Obras Públicas, Transporte y
Telecomunicaciones, se habían producido otros hechos de corrupción,
al constatarse la existencia de contratos fraudulentos con el Centro
de Investigación Aplicada al Desarrollo de la Empresa (CIADE),
perteneciente a la Universidad de Chile.
Se estableció también la realización de otras operaciones
similares entre este ministerio con otras empresas privadas, en las
que se pagaban cifras exorbitantes por sus servicios, los cuales
muchas veces no se cumplían.
Todas las responsabilidades cayeron entonces en el ex ministro
Carlos Cruz, actualmente procesado.
Mientras, la sociedad de inversiones Inverlink creó una red de
informantes para sus operaciones, en las que se relacionó con
funcionarios del Banco Central, la Corporación de Fomento (Corfo), y
con el ex ministro de Economía del gobierno de Eduardo Frei y ex
ministro secretario general de la Presidencia, Alvaro García.
Al parecer, éstos proporcionaron a la empresa datos
confidenciales, al mismo tiempo que llevaron a cabo un robo de 100
millones de dólares a Corfo.
Pero mientras el gobierno era el principal involucrado en estos
casos y la oposición empezaba a perfilarse como una verdadera
alternativa de gobierno, se produjo un caso que ha llevado al país a
una grave crisis política, cuyas consecuencias se han tornado
impredecibles, al acusarse a parlamentarios de cometer el delito de
violación de menores.
El escándalo sexual
Como si la corrupción no fuera suficiente para crear una mala
imagen de los políticos, la diputada Pía Guzmán, quien pertenece a
la directiva del partido de derecha Renovación Nacional, denunció a
principios de octubre que un diputado y dos senadores eran miembros
de la red de paidofilia liderada por el empresario Carlos Spiniak.
La conmoción pública fue inmediata y, desde entonces,
prácticamente no hay día en que no aparezca una nueva declaración
polémica o una espeluznante revelación de la manera en que los
menores fueron abusados, o hasta asesinados, según las últimas
informaciones entregadas a la justicia.
La oposición se ha visto mayormente afectada por este caso,
debido a que los supuestos parlamentarios involucrados pertenecerían
al partido Unión Demócrata Independiente (UDI), la agrupación más
importante del país, y donde milita el principal presidenciable de
la derecha, el alcalde de Santiago, Joaquín Lavín.
Mientras la UDI denunciaba una maniobra política para destruirla
como alternativa de gobierno, acusando incluso a miembros de la
Iglesia católica de participar en esa conspiración (siendo que es un
partido de inspiración católica ultra conservadora), la justicia
chilena ha logrado seguir adelante en las investigaciones.
Las autoridades encontraron que oficiales de Carabineros estaban
involucrados y que habían intentado sabotear la investigación en su
fase preliminar, cuando a Spiniak se le investigaba solamente por
tráfico de drogas.
Al mismo tiempo, los tribunales se vieron sacudidos cuando el
juez que primeramente se hizo cargo el caso, Daniel Calvo, fue
destituido luego que reconoció acusaciones sobre sus visitas a
prostíbulos homosexuales.
Calvo fue reemplazado por el magistrado Sergio Muñoz, con amplia
experiencia en casos de derechos humanos, que ha sido capaz de
resolver en unos meses procesos que llevaban años sin avanzar, y ha
condenado a generales en servicio activo por sus responsabilidades
en estos hechos.
Las implicaciones de este caso han hecho que el gobierno trate de
guardar distancias, dejando actuar a los tribunales, mientras que
hace intentos por despolitizar la discusión, que se ha centrado en
los parlamentarios supuestamente involucrados, olvidándose de los
niños que se han visto afectados.
Las instituciones funcionan
A pesar de que en todas las acusaciones existen personeros del
gobierno o de la alianza oficialista, la administración del
presidente Ricardo Lagos se ha mantenido firme en el apoyo ciudadano,
y las encuestas hablan de un respaldo cercano al 50 por ciento.
En contraposición, la oposición de derecha se ha visto
enormemente perjudicada por la posible vinculación de algunos
parlamentarios en el abuso sexual de menores.
La imagen de la parlamentaria acusadora, Pía Guzmán, se ha
fortalecido a pesar de las críticas por formular denuncias
irresponsables, al no entregar más datos que sustentaran sus
declaraciones.
En contraste, el líder de la derecha, Joaquín Lavín, se ha visto
obligado a mantenerse al margen de la discusión para no afectar su
imagen, mientras que el presidente de la UDI, Pablo Longuita, no ha
sido bien evaluado en las encuestas por su manejo frente a la crisis.
El gobierno ha debido enfrentar todas las situaciones tratando de
no inmiscuirse en las investigaciones, y ha repetido una y otra vez
que son asuntos de tribunales y que los responsables deben ser
castigados, sin importar el poder y las influencias que posean.
Al mismo tiempo, se ha iniciado una reforma a la administración
pública destinada a mejorar la gestión, centrándose en acabar con la
corrupción.
Este proceso se inició en el mismo Ministerio de Obras Públicas,
en el que ya se planteó la necesidad de aumentar las atribuciones de
los fiscalizadores y mejorar el sistema de administración de
concesiones, donde se han registrado los problemas.
El mismo ministro de la cartera, Javier Etcheverry, descubrió que
el sistema de calificación de funcionarios era defectuoso, pues
empleados calificados con los mejores puntajes simplemente no
rendían lo que decía las mediciones.
De esta forma, Chile cumple con una tradición nacional de
confianza en la ley y en las instituciones, modernizando la
administración pública y enfrentando el tema mediante la legalidad
antes que tomar medidas populistas o "caza de brujas", lo que hasta
el momento lo ha salvado de caer en los niveles de corrupción de sus
vecinos. Fin
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