Por Meng Yifei y Sergio Gómez
GUIYANG, 20 oct (Xinhua) -- A unos 600 metros de altura, desde el mirador panorámico del Puente del Gran Cañón de Huajiang, el antiguo paso de cadenas luce como un delgado hilo que une ambas orillas del río Beipan, el mismo que cruzaron las tropas del Ejército Rojo para abrirse paso hacia el suroeste del país durante la Gran Marcha, hace más de 90 años.
En la mañana habíamos visitado la zona del antiguo puente de cadenas de hierro, donde se escribió un importante capítulo de la gesta revolucionaria china en la provincia de Guizhou, y unas pocas horas después recorríamos una megaobra de ingeniería moderna que ostenta el título del puente más alto del mundo. Entre ambos lugares hay apenas una decena de kilómetros de distancia, pero comprendimos que están separados también por nueve décadas de historia y una de las transformaciones más radicales que ha vivido una nación en la historia de la humanidad.
Frente a estos vestigios históricos, la memoria nos remonta a los orígenes de la gesta. En un país azotado por la invasión extranjera, la agitación social y la miseria, el naciente Ejército Rojo, liderado por el Partido Comunista de China (PCCh), luchaba por la independencia nacional y la liberación del pueblo chino.
Fue precisamente en ese contexto de supervivencia cuando, entre 1934 y 1936, el Ejército Rojo emprendió la Gran Marcha, una épica travesía militar que logró romper el cerco de las fuerzas del Kuomintang (Partido Nacionalista). Con recorridos que alcanzaron hasta los 12.500 kilómetros, esta ardua epopeya sentó las bases para la victoria final de la revolución china.
Este año se cumple el 90º aniversario de la culminación victoriosa de aquella gesta y queríamos aprovechar nuestro recorrido por Guizhou para visitar sitios históricos vinculados con el paso de los revolucionarios por la provincia.
Así fue como llegamos al Gran Cañón de Huajiang, un tramo del río Beipan que forma el terreno más escarpado de toda su cuenca, por lo que se conoce como la "Grieta de la Tierra".
En abril de 1935, los soldados del Ejército Rojo Central avanzaron hacia el suroeste de Guizhou y defendieron hasta el final el Puente de Cadenas de Hierro de Huajiang, un punto estratégico de la zona, para garantizar que las fuerzas principales del Ejército Rojo pudieran cruzar rápidamente el río Beipan.
"Las historias sobre la convivencia amistosa entre el Ejército Rojo y la población local han perdurado durante más de 90 años gracias a la transmisión oral de generación en generación, como los relatos de los jóvenes de la etnia buyi que llevaron agua a los soldados y los presentes que dejaron los combatientes en agradecimiento por la ayuda", nos contó Liao Liangmin, una guía de 25 años que conocimos en la Sala de Exposición Conmemorativa del Combate de Contención del Ejército Rojo en el Puente de Cadenas de Hierro de Huajiang, situado en el distrito de Zhenfeng, en la prefectura autónoma de las etnias buyi y miao de Qianxinan.
"Recorrer personalmente la ruta, caminar por senderos escarpados y experimentar las dificultades que afrontaron los soldados durante sus marchas y combates, así como conocer cómo siguieron adelante pese a la escasez de suministros, el hambre y el frío, permite a las nuevas generaciones comprender de forma más directa lo difícil que fue el camino de sus predecesores revolucionarios", nos dijo Liao, quien ha recibido junto con sus compañeros en la sala de exposición cerca de 90 grupos de visitas desde comienzos de año.
NUEVOS CAMINOS
Las duras condiciones que debió afrontar durante siglos la población de Guizhou, una intrincada provincia montañosa del suroeste de China, quedaron resumidas en un antiguo dicho popular: "De monte a monte se oye la voz; para llegar, medio día de camino".
De hecho, cuando el Ejército Rojo cruzó el río Beipan tuvo que emplear puentes improvisados y tomar rutas escarpadas, enfrentando grandes dificultades en medio de la guerra. Pero ese mismo trayecto se puede completar hoy en apenas dos minutos en coche gracias al puente construido sobre el Gran Cañón de Huajiang.
El nuevo puente se abrió oficialmente al tráfico en septiembre de 2025. Con una longitud total de 2.890 metros y un vano principal de 1.420 metros. En abril de 2026, el puente fue certificado por la organización del Libro Guinness de los récords como el puente más alto del mundo.
"Antes de que se construyera el puente, para repartir paquetes entre el distrito y el poblado, necesitábamos unas dos horas en coche", recordó Wang Haijun, repartidor de la empresa YTO Express, quien nos explicó que los habitantes tenían que cruzar las montañas para ir al mercado del poblado. Salían antes del amanecer y no llegaban hasta la tarde, después de recorrer cerca de ocho horas por caminos de montaña.
"Ahora, los habitantes pueden desplazarse con mucha más facilidad y nosotros también ahorramos tiempo y esfuerzo en el reparto", nos dijo el joven con una sonrisa.
Según datos oficiales, a finales de 2025 la provincia de Guizhou contaba con una red vial de 221.300 kilómetros, incluidos 9.560 kilómetros de autopistas en servicio, en las que se alzan la impresionante cifra de 16.906 puentes.
El salto cualitativo de Guizhou se ha convertido en un referente para todo el país, y la transformación regional se enmarca en una visión nacional aún más ambiciosa. Según informó el Ministerio de Transporte, China ha puesto en marcha un plan para impulsar de manera integral el desarrollo de alta calidad de los servicios de transporte integrado durante el período del XV Plan Quinquenal (2026-2030).
Mientras recorríamos el moderno Puente del Gran Cañón de Huajiang, pintado de un llamativo color verde azulado, cuya inspiración proviene de una famosa y antigua pintura china, el especialista Sun Yuming apuntó hacia un grupo de viviendas ubicadas en un pequeño valle en las laderas del cañón.
"Tras la construcción del puente, muchos de los jóvenes que se marchaban a trabajar fuera han regresado para abrir alojamientos rurales, negocios de restauración y tiendas de productos locales", nos dijo con orgullo Sun, quien se desempeña como subdirector del departamento de seguridad e ingeniería de la compañía Huajiang Bridge Tourism Development, de Guizhou Communications Investment Group.
Desde el inicio de la planificación, el puente incorporó el concepto de integrar infraestructura y turismo. Más de 50 kilómetros cuadrados de la obra y sus alrededores se incluyeron en una planificación conjunta. El pasillo de mantenimiento situado en el interior de la estructura de acero se transformó en un corredor panorámico de 796 metros, que hoy recorren miles de turistas cada día y en el que pudimos disfrutar una impresionante vista del cañón.
El puente se ha hecho popular por sus opciones de entretenimiento, que incluyen una caminata por el vacío a más de 600 metros de altura, plataformas de saltos y un mirador con suelo de cristal. También cuenta con una cascada artificial que forma una cortina de agua y un espectáculo nocturno de luces.
Como pudimos comprobar, el puente ha impulsado la apertura de decenas de nuevos alojamientos rurales y establecimientos gastronómicos en ambas orillas, además de aumentar considerablemente las ventas de productos agrícolas locales.
Pan Yinglan, de 37 años, vende arroz glutinoso de Zhenfeng, una especialidad gastronómica de la etnia buyi, en uno de los restaurantes cercanos al puente. Allí nos contó cómo ha cambiado su vida desde la inauguración de esta obra.
"Antes trabajaba en una pequeña tienda cerca de mi casa. Después de que se construyera el puente, decidí venir a trabajar aquí, porque escuché que el comercio iba muy bien", nos dijo, mientras servía un plato que combina una variedad típica de arroz con vegetales encurtidos, cerdo ahumado y una combinación local de especias picantes y aromáticas.
"Durante las vacaciones que acaban de terminar, hubo muchísimos turistas y estuve ocupada desde la mañana hasta la noche", recordó la joven con gran alegría.
MIRANDO A LAS ESTRELLAS
Cuando los soldados del Ejército Rojo cruzaron las montañas de Guizhou, difícilmente habrían podido imaginar que el relieve kárstico de la zona y su posición geográfica serían ideales para instalar el mayor radiotelescopio del mundo, con el que las nuevas generaciones de chinos y especialistas de todo el mundo explorarían los secretos del universo.
Desde el mirador construido en una montaña anexa, junto a decenas de turistas chinos, observamos las colosales dimensiones del Radiotelescopio Esférico de Apertura de Quinientos Metros (FAST, por sus siglas en inglés), del que habíamos escuchado hablar como el "ojo gigante de China" que mira al espacio. A pesar de su forma, lo más correcto sería compararlo con un "oído", pues se trata de un equipo capaz de escuchar señales de radio originadas a 10.000 millones de años luz de distancia.
De acuerdo con la guía Zhang Huayin, este sueño de la astronomía china no habría sido posible sin Nan Rendong, el científico fundador del FAST, quien propuso este proyecto en 1994 y caminó de arriba abajo las montañas de Guizhou en busca del lugar ideal.
Durante la visita, recordamos cuando en octubre de 2017, apenas un año después de la finalización del radiotelescopio, China anunciaba el descubrimiento de estrellas púlsares mediante el FAST, en un reflejo del avance del país en el fortalecimiento de sus capacidades científicas y tecnológicas.
Hasta la fecha, el FAST ha descubierto más de 1.300 púlsares, una cifra que supera con creces la suma de los hallados por todos los demás radiotelescopios del mundo durante el mismo período. Estas estrellas son consideradas como los "relojes del universo" y sirven como referencia para medir y estudiar el cosmos.
Desde marzo de 2021, esta increíble obra de la ingeniería y la ciencia de China está abierta para equipos de investigación a nivel internacional, convirtiéndose en un verdadero "telescopio de servicio público" para toda la humanidad.
Los científicos de todo el mundo, independientemente de su nacionalidad, pueden solicitar tiempo de observación en igualdad de condiciones, y la asignación se decide mediante un proceso de evaluación a cargo de expertos internacionales.
Con las montañas de Guizhou en el horizonte y frente al colosal disco de metal, que en ese instante movía su centro para enfocarse en algún punto del universo, nuestro pensamiento nos llevó a aquellos jóvenes que emprendieron la Gran Marcha hace más de 90 años.
¿Cómo habrían imaginado la China del siglo XXI? ¿Qué habrían querido estudiar? Quizás nunca lo sabremos. De lo que sí tenemos pruebas es de la valentía con la que actuaron, del espíritu de superar todos los obstáculos forjado en el camino y de la convicción que los acompañó en todo momento: que sus sacrificios presentes eran para que las próximas generaciones pudieran vivir un futuro mejor. Y lo lograron.
El valioso legado espiritual de la Gran Marcha del Ejército Rojo inspira a generaciones de chinos a superar nuevos desafíos y seguir avanzando hacia horizontes cada vez más lejanos.









