Por Pau Ramírez
RÍO DE JANEIRO, 19 sep (Xinhua) -- Brasil y China pueden convertir la cooperación en los mercados de carbono en una nueva plataforma de inversiones, tecnología y protección ambiental, con potencial para abrir nuevas oportunidades para la transición hacia una economía de bajas emisiones, explicaron a Xinhua especialistas brasileños.
La posible firma de un memorando de entendimiento entre ambos países para impulsar esta cooperación genera expectativas en el país sudamericano, pues la entrada de China como comprador de créditos de carbono permitiría aumentar la escala del mercado, diversificar sus compradores y ofrecer mayor previsibilidad de ingresos para proyectos ambientales.
El mercado de carbono es un sistema de comercio donde se comercializan créditos equivalentes a toneladas de dióxido de carbono mitigadas o capturadas, que permite a países y empresas financiar proyectos de protección ambiental o energía limpia para compensar sus propias emisiones contaminantes y avanzar hacia una economía sustentable.
"Lo que cambiaría, al ser China una gran compradora, sería la escala de demanda", explicó Paula André, ingeniera química y de bioprocesos y fundadora de la consultora Credita Carbon.
André señaló que el mercado brasileño está actualmente orientado hacia compradores de Estados Unidos y la Unión Europea, por lo que una mayor participación china permitiría ampliar las posibilidades de comercialización de los créditos generados en Brasil.
La experta destacó que la existencia de una demanda más previsible también puede facilitar la financiación de proyectos ambientales que actualmente encuentran dificultades para atraer recursos debido a sus largos períodos de retorno.
"Con esa cooperación, habría esa previsión de ingresos y sería más fácil sacar esos proyectos del papel", afirmó.
André explicó que los proyectos de reforestación y restauración de biomas pueden necesitar entre ocho y 15 años para recuperar la inversión, lo que dificulta obtener financiación bancaria cuando no existe una previsión clara de ingresos.
La cooperación con China podría contribuir a dar mayor seguridad económica a esas iniciativas y, con ello, estimular nuevas inversiones en recuperación de áreas degradadas.
El posible acuerdo también podría generar efectos en sectores vinculados a la transición energética. Según André, una cooperación climática más amplia podría favorecer inversiones en transmisión y almacenamiento de energía, además de proyectos de biometano, combustible sostenible de aviación y otras tecnologías de bajas emisiones.
Para Jhonathan Mattos, doctor en Relaciones Internacionales y especialista en China y política económica internacional, la cooperación en los mercados de carbono puede convertirse en parte de una relación bilateral más amplia, en la que el intercambio tecnológico y científico tenga un peso creciente.
"Creo que el centro aquí es la transferencia tecnológica, la cooperación científica y la cooperación académica", afirmó Mattos.
Mattos destacó que Brasil ya cuenta con experiencia en sectores como el etanol, la biomasa y la energía eólica, además de una matriz eléctrica con una elevada participación de fuentes renovables.
En su opinión, el desafío consiste en aprovechar esas capacidades para desarrollar nuevos productos y tecnologías vinculados a la economía verde.
Para que este proceso avance, Brasil deberá completar el marco regulatorio de su Sistema Brasileño de Comercio de Emisiones, además de establecer mecanismos sólidos de monitoreo, reporte y verificación de los créditos.
André señaló que será necesario garantizar que los créditos transferidos al mercado chino tengan credibilidad y altos estándares de integridad.
También consideró fundamental establecer metodologías compatibles entre los dos países y sistemas de rastreabilidad que permitan seguir cada crédito durante todo el proceso.
Mattos, por su parte, sostuvo que la cooperación tecnológica debería permitir que Brasil aproveche la experiencia china sin limitarse a la exportación de materias primas o créditos ambientales.
El especialista defendió una cooperación basada en la investigación, la formación de profesionales y el intercambio académico que contribuya a crear un nuevo ecosistema tecnológico brasileño relacionado con la transición verde.









