Por Marco Antonio Bravo Segovia
La visita del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, a Ecuador ocurrió en un momento particular para América Latina y el Caribe. Seguridad, narcotráfico, comercio, inversiones, infraestructura, energía, minerales estratégicos y nuevas tecnologías han dejado de ser asuntos separados. Hoy forman parte de una competencia internacional cada vez más visible.
Antes de iniciar su gira por Colombia, Ecuador y Perú, el funcionario estadounidense publicó un artículo titulado "Un hemisferio que cumple", en el que sostiene que Estados Unidos quiere trabajar con los tres países para fortalecer la seguridad, impulsar el crecimiento económico y garantizar que el futuro de la región permanezca bajo el control soberano de cada nación. Pero su mensaje contiene también una clara advertencia sobre China, cuestionando su creciente presencia en América Latina.
Las afirmaciones de Rubio merecen ser debatidas, y Ecuador tiene suficientes elementos para hacerlo. Si la propuesta es construir "un hemisferio que cumple", los ecuatorianos también tenemos derecho a preguntar quién cumple y cuáles son los resultados. La discusión no debería partir de una defensa automática de China ni de una posición contraria a Estados Unidos, sino de algo mucho más sencillo: los hechos.
No cabe duda de que la relación entre Estados Unidos y Ecuador se ha profundizado rápidamente en un área que hoy constituye una de las principales preocupaciones del país: la seguridad. Ecuador atraviesa una crisis de seguridad extremadamente grave y necesita cooperación internacional. Estados Unidos posee inteligencia, tecnología, entrenamiento y capacidades que Ecuador necesita. Pero la cooperación en materia de seguridad es necesaria y, al mismo tiempo, ninguna forma de cooperación internacional debería disminuir la obligación del Estado ecuatoriano de proteger los derechos de sus ciudadanos.
La organización Human Rights Watch cuestionó en julio de 2026 la actuación de las autoridades ecuatorianas y la falta de transparencia y rendición de cuentas en el marco de la creciente cooperación de seguridad entre Ecuador y Estados Unidos. A ello se suma la controversia por las operaciones contra embarcaciones presuntamente vinculadas al narcotráfico.
Durante su visita a Quito, Rubio sostuvo que el objetivo de Estados Unidos no son los pescadores, sino los narcotraficantes. Esa es una precisión importante, pero para las familias ecuatorianas que reclaman información sobre ciudadanos involucrados o desaparecidos en esas operaciones, las palabras no son suficientes.
Necesitan respuestas: ¿Quién determina que una embarcación constituye un objetivo? ¿Qué evidencia existe? ¿Qué autoridad ecuatoriana conoce o autoriza una operación? ¿Qué ocurre con los tripulantes? ¿Qué información reciben sus familias? Hacer este tipo de preguntas no significa defender narcotraficantes, significa defender el Estado de derecho.
La misma lógica debería aplicarse al ámbito económico. Ecuador necesita cooperación en materia de seguridad, pero también necesita mercados, inversiones, tecnología, infraestructura y oportunidades para sus productores. En un escenario internacional cada vez más competitivo, limitar las opciones de un país no fortalece su soberanía; por el contrario, reduce su capacidad de elegir qué socios le resultan más convenientes.
Washington ha sido durante décadas uno de los socios fundamentales de Ecuador. Pero cercanía política no siempre se traduce en resultados económicos suficientes. El propio Departamento de Estado estadounidense reconoce en su informe sobre el clima de inversiones de Ecuador que los dos países no tienen un convenio bilateral para evitar la doble tributación. Y mientras el Tratado de Libre Comercio Ecuador-China está vigente desde mayo de 2024, Ecuador y Estados Unidos continúan negociando mecanismos comerciales que todavía no constituyen un acuerdo integral de libre comercio.
Durante años, América Latina reclamó a Washington mayores oportunidades comerciales, infraestructura, inversión productiva y financiamiento para el desarrollo. En ese contexto, China llegó con su propia oferta. La relación económica entre Ecuador y China ha cambiado radicalmente durante las últimas dos décadas. China es hoy uno de los principales mercados para los productos ecuatorianos, mientras su presencia se extiende a ámbitos como el comercio, la energía, la minería, la infraestructura, la tecnología, la movilidad, la agricultura y la cooperación.
Desde la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio bilateral en mayo de 2024, el comercio entre ambos países ha continuado creciendo. El medio ecuatoriano El Universo reportó que el comercio bilateral alcanzó 17.330 millones de dólares en 2025, un crecimiento del 24 por ciento. La tendencia continuó en 2026: durante el primer trimestre, el intercambio bilateral alcanzó los 4.756 millones de dólares y las exportaciones ecuatorianas a China crecieron un 13,8 por ciento.
Son cifras que cambian la dimensión de la discusión. Para miles de productores y trabajadores ecuatorianos vinculados a sectores como el camarón, el banano, el cacao y la minería, entre otros sectores, la relación con China tiene efectos económicos concretos.
La central hidroeléctrica Coca Codo Sinclair tiene 1.500 megavatios de potencia instalada y es la hidroeléctrica más grande del país. Según el Informe Anual 2025 del Operador Nacional de Electricidad de Ecuador, la central produjo ese año 7.695,99 gigavatios-hora y representó el 27,45 por ciento de toda la generación hidroeléctrica ecuatoriana. La Corporación Eléctrica del Ecuador, por su parte, continúa señalando que la central cubre aproximadamente el 30 por ciento de la demanda eléctrica nacional.
Estas no son estimaciones de Beijing ni cifras proporcionadas por la empresa constructora, sino datos del propio sistema eléctrico ecuatoriano. La relación entre China y Ecuador, por tanto, ya no gira exclusivamente en torno a las hidroeléctricas o la minería, sino que se ha diversificado hacia otros ámbitos de la economía.
Ecuador no debería aceptar que competir signifique exigir exclusividad. Marco Rubio sostiene en "Un hemisferio que cumple" que Estados Unidos quiere garantizar que el futuro de la región permanezca bajo el control soberano de cada país. Si ese principio es realmente la base de la política estadounidense, entonces debe respetarse también cuando las decisiones soberanas de Ecuador no coincidan con las preferencias de Washington.
Si Ecuador es soberano para profundizar su cooperación militar con Estados Unidos, también debe ser soberano para mantener sus relaciones con China en distintos ámbitos. Eso es soberanía: no sustituir una dependencia por otra, sino contar con alternativas suficientes para poder decidir. Ecuador no necesita que Washington le diga qué debe pensar de China, y viceversa. Ecuador necesita instituciones fuertes, una política exterior independiente y socios que respeten sus decisiones.
Quizá el artículo de Marco Rubio abra una discusión que América Latina y el Caribe necesitaba.
(Marco Antonio Bravo Segovia es periodista y director del portal Confirmado.net de Ecuador)
(Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no necesariamente reflejan la postura de la Agencia de Noticias Xinhua)









