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Especial: Del mercado al helado, los sabores de la Amazonia impulsan una nueva economía verde en Brasil

spanish.news.cn| 2026-07-07 07:32:30|
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RÍO DE JANEIRO, 6 jul (Xinhua) -- El aroma del cupuaçu recién abierto, el ligero picor del jambu, la intensidad del cacao amazónico y el sabor de la castaña de Brasil están dejando de ser productos consumidos únicamente en los mercados locales para convertirse en ingredientes de una nueva economía basada en la biodiversidad de la mayor selva tropical del planeta.

En la ciudad de Santarém, en el estado amazónico de Pará (norte de Brasil), el emprendimiento Boto Gelato da Amazônia representa uno de los ejemplos más visibles de cómo la bioeconomía comienza a transformar materias primas regionales en productos de alto valor agregado, generando empleo, ingresos y oportunidades para pequeños productores rurales.

Fundada en 2016 por el ingeniero de producción Tiago Silva, la empresa elabora helados artesanales utilizando exclusivamente ingredientes amazónicos como cupuaçu, açaí, cumarú, tapioca, cacao, jambu y castaña de Brasil.

Actualmente, cuenta con tres establecimientos, emplea a 15 trabajadores y registró un crecimiento del 35 por ciento durante el último año, mientras prepara su expansión hacia el sudeste brasileño.

"El gelato tiene la preocupación de ser un producto más artesanal, con ingredientes frescos. Eso nos permite ofrecer una textura, una cremosidad y un sabor completamente diferentes", explicó Silva a Xinhua.

Cada semana, el empresario recorre las ferias de Santarém para adquirir frutas, semillas y otros productos directamente de agricultores locales y extractivistas de la región, que posteriormente son procesados y congelados para mantener su calidad.

"Valoramos mucho entender toda la cadena de la bioeconomía. Trabajamos siempre con los mismos proveedores porque creemos en relaciones de confianza. Nosotros apoyamos a los productores y ellos también hacen posible nuestro crecimiento", afirmó.

Uno de los objetivos del emprendimiento es demostrar que los ingredientes amazónicos pueden competir con productos importados de mayor fama internacional.

"Me gusta ver la reacción de quienes prueban por primera vez un helado de castaña de Brasil. Muchos descubren que puede ser incluso mejor que el pistacho. Nuestra biodiversidad tiene un potencial enorme que todavía necesita ser más conocido", comentó.

La comparación resulta significativa. Brasil importa prácticamente todo el pistacho que consume, mientras que la castaña de Brasil es uno de los productos emblemáticos de la Amazonia.

Los estados de Acre, Amazonas y Pará concentran alrededor del 80 por ciento de la producción nacional, con más de 30.000 toneladas recolectadas anualmente.

El abastecimiento de la heladería depende principalmente del Mercado 2000 de Santarém, considerado el mayor centro de distribución de productos agrícolas del Bajo Amazonas.

Allí convergen agricultores, comunidades ribereñas y recolectores que abastecen tanto a consumidores locales como a emprendimientos vinculados a la bioeconomía.

Además del negocio gastronómico, la empresa busca difundir la cultura amazónica.

Su nombre hace referencia al boto, uno de los símbolos más representativos de la región, mientras que varios de sus helados rinden homenaje a tradiciones locales como el carimbó y el festival de Sairé.

Silva asegura que su proyecto va mucho más allá de vender helados.

"Nuestro sueño es llevar los sabores de la Amazonia al mundo. Cada producto cuenta una historia y ayuda a que las personas comprendan la importancia de conservar la selva y valorar a quienes viven de ella", señaló.

La experiencia refleja una tendencia que gana espacio en Brasil, donde la bioeconomía es considerada una de las principales estrategias para combinar desarrollo económico, innovación y conservación ambiental.

En lugar de exportar únicamente materias primas, cada vez más emprendimientos buscan transformarlas localmente en alimentos, cosméticos, medicamentos y otros productos de mayor valor agregado.

Con la Amazonia cada vez más presente en la agenda internacional sobre cambio climático y desarrollo sostenible, iniciativas como la de Santarém muestran que preservar el bosque también puede convertirse en una oportunidad económica para miles de familias, fortaleciendo las cadenas productivas locales y proyectando al mundo la riqueza de la biodiversidad brasileña.

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