(Voces del Sur) Opinión de invitado: El levantamiento del bloqueo y del embargo, la verdadera ayuda humanitaria que necesita el pueblo cubano | Spanish.xinhuanet.com

(Voces del Sur) Opinión de invitado: El levantamiento del bloqueo y del embargo, la verdadera ayuda humanitaria que necesita el pueblo cubano

spanish.news.cn| 2026-05-29 15:01:00|
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Por Raúl Rodríguez Rodríguez

El Gobierno de Estados Unidos ha propuesto recientemente al pueblo cubano a una "nueva relación" con Washington, haciendo hincapié en el supuesto apoyo constante que este país ha brindado a la isla en el pasado. Lo hizo el 20 de mayo de 2026, reconociendo equivocadamente esa fecha como el "Día de la Independencia" de Cuba.

Si bien nació una república en Cuba el 20 de mayo de 1902, esta no era realmente independiente. La nueva república nació obligada a aceptar bases navales estadounidenses, el control prácticamente total de la diplomacia cubana e incluso condicionamientos económicos mediante un tratado de reciprocidad comercial, además del derecho de Washington a intervenir en Cuba siempre que lo considerara necesario para proteger sus intereses económicos. Si la Asamblea Legislativa cubana, convocada por el gobernador militar estadounidense de la época, no aceptaba dicho acuerdo, la amenaza de una ocupación permanente o, al menos, a largo plazo, persistía.

No nos debe sorprender, entonces, que desde Washington hablen de mayo de 1902 como el "Día de la Independencia" de Cuba, con una postura totalmente inexacta y un intento de manipular los hechos históricos.

La política de la actual Administración estadounidense habla de retrotraer a Estados Unidos 125 años, hacia un viejo y rancio imperialismo sustentado en una visión geopolítica que se nutre de preceptos de la Doctrina Monroe y del Corolario Roosevelt, ahora retomado como Corolario Trump. En cuanto a Cuba, específicamente desde 1959, el objetivo ha sido derrocar al Gobierno cubano infligiendo tal sufrimiento al pueblo de la isla, con la intención de provocar un levantamiento interno contra las autoridades. Ello ha quedado ampliamente documentado en archivos desclasificados del Departamento de Estado y constituye una estrategia que se ha mantenido de manera sostenida durante más de seis décadas.

El actual secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Marco Rubio, fue uno de los críticos más acérrimos de la política del expresidente Barack Obama hacia Cuba entre 2014 y 2016. A partir de la última década, desde los inicios de la primera Administración Trump (2017-2021), el entonces senador Rubio fue el impulsor de acciones que resultaron especialmente negativas para la relación bilateral entre Cuba y Estados Unidos. Ello se constata en el hecho de que llegaron a niveles cimeros el fomento de programas desestabilizadores, así como la ejecución de medidas coercitivas de diversa gama, dirigidas a torpedear el avance económico en sectores como el turismo y la exportación de servicios profesionales y aprovechar las vulnerabilidades de Cuba, a saber, la dependencia energética y la necesidad de atraer inversión extranjera directa.

Durante el interregno del demócrata Joseph Biden, desde el Senado de Estados Unidos, Rubio junto al posteriormente defenestrado Bob Menendez, ejercieron una notable influencia en la política de guerra económica de Estados Unidos hacia Cuba. La Administración Biden mantuvo de manera casi inalterable la política heredada de su predecesor e incluso, en algunos aspectos, redobló su retórica injerencista y amenazadora contra Cuba.

Sin dudas, Marco Rubio es un representante directo del lobby contrarrevolucionario cubano de extrema derecha con gran poder dentro del Gobierno estadounidense, que actualmente busca cumplir un sueño largamente acariciado: el derrocamiento de la Revolución cubana. Ahora, como secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional, Rubio está en la mejor posición para intentar llevar a término una política de la cual ha sido uno de sus más furibundos promotores.

Por lo tanto, las reiteradas declaraciones de que el deseo del Gobierno de Estados Unidos es apoyar a esa misma población que trata de asfixiar, resultan un tanto hipócritas, especialmente considerando que desde la primera Administración Trump se tomaron medidas sin precedentes como permitir la entrada en vigor del título III de la Ley Helms Burton. En esta segunda Administración, se han reforzado aún más las ya feroces medidas coercitivas unilaterales contra la isla caribeña, con consecuencias humanitarias para la población cubana.

En este contexto, resulta paradójico que el Gobierno de Estados Unidos anuncie una oferta de ayuda humanitaria condicionada a Cuba por valor de 100 millones de dólares. Es válido recordar que en los días que siguieron al paso del Huracán Melissa en octubre de 2025, Estados Unidos ofreció ayuda rápida y sin condiciones a otras islas vecinas del Caribe afectadas por el fenómeno meteorológico.

En el caso de Cuba, se hizo una oferta inicial de ayuda por valor de tres millones de dólares, 77 días después del paso del Huracán Melissa, y con la condición de que esta ayuda fuese distribuida por la iglesia católica, exigencia que ningún país u organización que hizo donaciones humanitarias planteó. Simplemente, desde el derecho internacional humanitario, una de las premisas es que la ayuda se entrega de manera imparcial y sin condiciones, siendo habitualmente gestionada y distribuida por las autoridades del Estado receptor. Además, las autoridades cubanas han mostrado reiteradamente su compromiso con que la ayuda llegue a los necesitados, especialmente víctimas de desastres naturales.

Como parte de esa acción, días después se anunciaron otros millones de dólares en ayuda humanitaria. A finales de mayo de 2026, se había ejecutado el 82 por ciento del primer monto y debía comenzar la gestión del segundo monto de seis millones. La insistencia del Departamento de Estado en que la iglesia católica gestione y distribuya la asistencia hace el proceso más lento.

Ahora, el Gobierno estadounidense vuelve a presentar una oferta condicionada, esta vez por 100 millones de dólares, mientras niega la existencia de un bloqueo petrolero y continúa calificando a Cuba como una amenaza para su seguridad. Todo ello ocurre apenas un día después de anunciar una nueva medida agresiva contra la isla basada en falsos preceptos. Como ocurrió con la tardía primera oferta de ayuda, el Gobierno cubano no se ha negado a aceptar la ayuda, incluso con las condiciones que se ofrece. El presidente cubano ha dicho que, si Washington tiene una "verdadera" intención de asistir al pueblo cubano, "no encontrará obstáculos ni ingratitud de parte de Cuba".

Este último anuncio de ayuda evidencia un cálculo político mezquino por parte del Gobierno estadounidense. Durante una visita de secretario de Estado al Vaticano y con previo conocimiento de que el sumo Pontífice se interesaría por el impacto humanitario del cerco medieval que afecta gravemente Cuba, Washington anunció esa nueva ayuda humanitaria a la isla.

Resulta profundamente paradójico, que el mismo Gobierno que impone una política de asfixia económica abarcadora, que incluso contempla cuestionar y procesar judicialmente a ciudadanos y organizaciones no gubernamentales estadounidenses que han entregado personalmente ayuda humanitaria a hospitales en Cuba, quiera aparecer ahora como benefactor del pueblo cubano, es el colmo del cinismo. Levantar el bloqueo económico y cesar la agresión contra Cuba constituiría el mayor gesto humanitario que Estados Unidos podría realizar.

(Raúl Rodríguez Rodríguez es director del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos de la Universidad de La Habana y jefe del Programa Nacional de Ciencias Sociales y Humanidades de Cuba)

(Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no reflejan necesariamente la postura de la Agencia de Noticias Xinhua)

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