RÍO DE JANEIRO, 1 abr (Xinhua) -- La economía mundial mostró en 2025 una resiliencia que desafió los pronósticos más pesimistas, al resistir a las tensiones arancelarias impulsadas por los Estados Unidos y reconfigurar nuevas rutas comerciales, según explicó a Xinhua el economista brasileño Celso Moreira.
En una entrevista concedida, Moreira, exasesor del Ministerio de Hacienda y especialista en comercio internacional, explicó que mientras gran parte del debate internacional daba por sentado que el proteccionismo de la era Trump sepultaría décadas de integración comercial, los datos de 2025 revelaron una realidad sorprendentemente distinta.
"El comercio mundial de bienes no solo sobrevivió, sino que creció por encima del producto global, y tanto Estados Unidos como China alcanzaron récords en sus exportaciones", resaltó.
Moreira sostuvo que el sistema comercial encontró lo que denomina "nuevas geometrías" para sortear las barreras impuestas por la guerra arancelaria. "La economía global mostró una resiliencia estructural que muchos subestimaron. El mundo no dejó de comerciar, simplemente cambió de dirección", afirma el economista, quien ha seguido de cerca la evolución de los flujos comerciales entre los grandes bloques.
Uno de los fenómenos más notables, explica Moreira, fue la recomposición del rol de China en las cadenas globales de valor. Aunque el comercio directo entre China y Estados Unidos cayó aproximadamente un 30 por ciento en 2025, Beijing logró compensar esa pérdida con un crecimiento explosivo en sus exportaciones de maquinaria y bienes intermedios hacia otras economías.
Según un informe de la consultora McKinsey, este rubro creció en 223.000 millones de dólares, un incremento que compensó la reducción de 130.000 millones en los envíos hacia el mercado estadounidense.
"China está pasando de ser la 'fábrica del mundo' a convertirse en lo que el informe denomina 'la fábrica para las fábricas'", explica Moreira. "Eso significa que sus exportaciones de bienes finales hacia Occidente se están reconfigurando, pero al mismo tiempo está consolidando su papel como proveedor esencial de componentes y tecnología para países del Sudeste Asiático, México y otras naciones emergentes, que luego se encargan del ensamblaje final. Es una estrategia de adaptación extremadamente sofisticada."
El economista brasileño destaca también el rol que jugó el auge de la inteligencia artificial como motor inesperado del comercio. Los embarques de semiconductores y equipos para centros de datos crecieron un 40 por ciento entre 2024 y 2025, representando un tercio del crecimiento total del comercio global de bienes.
"Este boom tecnológico está creando nuevos ejes de poder comercial que los países en desarrollo, incluido Brasil, no pueden ignorar", advirtió Moreira. "No se trata solo de vender commodities, sino de insertarse en estas cadenas de valor de alta tecnología, aunque sea como proveedores de infraestructura digital, energía o minerales críticos".
En cuanto al papel de Estados Unidos, Moreira afirmó que Washington ya no actúa como un líder global confiable, sino como una "bola de demolición impredecible". La falta de reciprocidad en las represalias comerciales y la decisión del resto del mundo de seguir comerciando fueron factores clave para evitar un colapso sistémico.
"Lo que salvó al sistema fue que el 75 por ciento del comercio que no depende directamente de Estados Unidos y que China decidió mantener sus intercambios", afirma Moreira. "Esa masa crítica de países, entre los que se encuentra Brasil, demostró que depende demasiado del comercio como para dejarlo morir por decisiones unilaterales."
Para América Latina y especialmente para Brasil, el escenario es de oportunidades con matices. Por un lado, el país ha logrado ampliar sus exportaciones de productos agropecuarios y algunos bienes manufacturados en un contexto de reorganización de las cadenas de suministro. Por otro, Moreira advirtió que Brasil aún no ha conseguido dar el salto hacia una inserción más estratégica en los sectores de mayor valor agregado.
"Brasil tiene una posición geopolítica que puede ser ventajosa: no es un aliado explícito de nadie, lo que en un mundo fragmentado puede abrir puertas como proveedor confiable para ambos", analiza. "Pero para aprovechar esta oportunidad necesitamos una política industrial y comercial más activa, que nos permita no solo vender soja y minerales, sino también integrarnos en las nuevas cadenas tecnológicas", resaltó.
El economista concluyó que la gran enseñanza de 2025 es que la economía mundial demostró ser más resistente de lo que muchos imaginaban. Sin embargo, advirtió que esa resiliencia no debe ser tomada como garantía de estabilidad futura.










