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(Voces del Sur) Enfoque en ALC: La vigencia de "Nuestra América" de José Martí conmueve y alerta sobre el presente latinoamericano

spanish.news.cn| 2026-03-24 14:15:15|
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Por Thalía Fuentes Puebla

LA HABANA, 23 mar (Xinhua) -- Hay momentos en que la historia deja de ser pasado y se convierte en herida abierta. Leer hoy el ensayo "Nuestra América", del héroe nacional de Cuba, José Martí, provoca justamente eso: una mezcla de orgullo y dolor, de claridad y desasosiego.

Las recientes decisiones que afectan las relaciones diplomáticas de Cuba con países latinoamericanos no pueden analizarse como hechos aislados; son señales de un fenómeno más profundo, que Martí vislumbró con una lucidez estremecedora hace más de un siglo.

Las naciones de América Latina nacieron entre luchas, sacrificios y sueños compartidos. Desde el río Bravo, en México, hasta la Patagonia, en Argentina, pasando por las islas del Caribe, se fue tejiendo una identidad común marcada por la resistencia al colonialismo y por el anhelo de soberanía.

Aquella generación fundacional comprendió que la independencia no era solo un acto político, sino una condición indispensable para la dignidad de los pueblos. Martí lo expresó con una vigencia que en pleno siglo XXI conmueve: su empeño era impedir, a tiempo, que la expansión de Estados Unidos cayera con más fuerza sobre nuestras tierras.

Sin embargo, el tiempo parece moverse en círculos. Las presiones externas, las decisiones que limitan vínculos y las fisuras entre países hermanos evocan viejas estrategias de dominación.

Cambian las formas, se actualizan los discursos, pero el fondo persiste: dividir para debilitar, aislar para someter. La Doctrina Monroe, que sirvió a Washington para declararse de manera unilateral y como si fuera un derecho divino, protector del continente, y que muchos creyeron enterrada, reaparece bajo nuevos ropajes y nos recuerda que la historia nunca desaparece del todo.

Martí lo advirtió también en su carta inconclusa a su amigo Manuel Mercado, abogado mexicano, escrita en la víspera de su caída en combate. Allí dejó claro que el camino que debía cerrarse era el de la anexión de los pueblos de América al "Norte revuelto y brutal que los desprecia".

Resulta imposible no sentir un profundo pesar al constatar que hoy resurgen dinámicas que contradicen el espíritu integrador que dio origen a nuestras repúblicas.

Cuba, que históricamente ha apostado por la conexión con el mundo, vuelve a enfrentar intentos de aislamiento. No es algo nuevo. Primero fue el monopolio colonial, luego el intervencionismo y más tarde el bloqueo económico que por más de 60 años impone Washington contra La Habana.

Pero Martí también dejó una enseñanza esencial: "Injértese en nuestras repúblicas el mundo, pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas". Esa idea resume el equilibrio necesario entre apertura y soberanía: el intercambio global se construye desde la identidad propia, sin subordinaciones ni imposiciones.

A lo largo de su vida, el Apóstol de Cuba no solo denunció los peligros externos; también confió en la capacidad de los pueblos latinoamericanos para actuar con inteligencia y firmeza.

La Conferencia Internacional Americana de finales del siglo XIX fue un escenario donde se pusieron a prueba esas tensiones. Frente a propuestas que buscaban imponer esquemas económicos favorables a una sola potencia, varias naciones defendieron sus intereses y evitaron caer en una integración desigual.

Hoy, más que nunca, esa lección resulta imprescindible. La fragmentación debilita, la desconfianza divide y la dependencia limita. En cambio, la cooperación fortalece, la solidaridad une y la integración proyecta. América Latina no puede permitirse retroceder hacia esquemas que ya demostraron ser perjudiciales para sus pueblos.

El dolor que provoca la lectura de "Nuestra América" no es señal de derrota, sino de conciencia. Es la evidencia de que aún queda mucho por hacer para alcanzar ese equilibrio justo entre las naciones. Martí no escribió para su tiempo solamente; escribió para el nuestro. Sus palabras siguen interrogándonos: ¿conviene realmente una unión subordinada? ¿Es posible una relación equitativa sin respeto mutuo?

Las respuestas no pueden seguir postergándose; la región enfrenta nuevos desafíos que exigen estrategias comunes. La inserción internacional, el desarrollo productivo y la soberanía económica no pueden construirse desde el aislamiento ni desde la dependencia, sino desde la cooperación entre iguales.

Cuba, como parte inseparable de ese entramado latinoamericano, ha defendido históricamente la idea de tender puentes. Su vocación de apertura, a pesar de las dificultades, refleja la convicción profunda de que la supervivencia de los pueblos pequeños depende de su capacidad de conectarse con el mundo sin renunciar a su esencia.

Por eso duele ver cómo se erigen nuevas barreras entre países que comparten historia, cultura y destino. Duele constatar que las lecciones del pasado no siempre se traducen en decisiones del presente. Y duele, sobre todo, porque José Martí nos enseñó que otra América es posible: una América unida, diversa, soberana.

También hay una dimensión cultural que no puede ser olvidada. América Latina no es únicamente un espacio geográfico o político; es una comunidad de valores, de lenguas, de memorias compartidas. Defender esa identidad implica resistir la homogeneización y afirmar la riqueza de lo propio.

La región enfrenta hoy una encrucijada. Puede optar por la fragmentación, repitiendo errores del pasado, o puede avanzar hacia una integración más sólida, capaz de enfrentar los desafíos del presente. La decisión no es abstracta; se expresa en cada política, en cada alianza, en cada gesto de cooperación o distanciamiento.

Y es ahí donde el pensamiento martiano adquiere toda su vigencia como una herramienta para interpretar y transformar la realidad.

Al final, no se trata solo de Cuba ni de una nación en particular. Se trata de toda una región que aún busca su lugar en el mundo sin renunciar a su dignidad. Se trata de pueblos que, a pesar de las dificultades, siguen creyendo en la posibilidad de un destino común.

(Las opiniones expresadas en este artículo son de la autora y no necesariamente reflejan la postura de la Agencia de Noticias Xinhua)

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