Por Leonardo Attuch
La reunión entre la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la Unión Africana, que culmina el 21 de marzo en Bogotá, representa un momento de gran significado político para el Sur Global. Promovido por el presidente colombiano, Gustavo Petro, el encuentro busca abrir una nueva etapa de cooperación entre América Latina y África. No se trata apenas de un evento diplomático más, sino de una señal clara de que ambas regiones buscan reconstruir puentes políticos, económicos y culturales que durante demasiado tiempo fueron debilitados por la lógica de dependencia heredada del sistema internacional del siglo XIX.
En pleno siglo XXI, el mundo atraviesa una transición profunda hacia una estructura multipolar. En este nuevo escenario, las regiones del Sur Global tienen una oportunidad inédita de fortalecer su voz colectiva. La cumbre CELAC-África representa precisamente ese esfuerzo: el intento de construir una agenda común entre dos regiones que comparten historias similares de colonialismo, explotación y lucha por la soberanía.
América Latina ha sido históricamente escenario de disputas geopolíticas externas. Durante décadas, potencias extranjeras intervinieron de forma directa o indirecta en los asuntos internos de los países latinoamericanos, muchas veces bajo el pretexto de defender la estabilidad o la democracia. Sin embargo, la experiencia histórica demuestra que tales intervenciones rara vez trajeron paz duradera. Por el contrario, con frecuencia agravaron conflictos, debilitaron instituciones nacionales y limitaron la capacidad de los países de la región para definir su propio destino.
Un ejemplo reciente de esta lógica de intervención fue el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, un episodio que generó fuertes rechazos en distintos países del Sur Global y que evidenció hasta qué punto algunos actores internacionales aún recurren a métodos propios de una época que debería haber quedado atrás. Situaciones como esta refuerzan la convicción de que América Latina debe defender colectivamente su soberanía y evitar cualquier forma de tutela externa.
Por esta razón, la paz en América Latina debe ser preservada por los propios latinoamericanos. La seguridad regional no puede depender de fuerzas externas ni de esquemas de tutela militar provenientes de otras potencias. La historia demuestra que la verdadera estabilidad solo puede surgir de la cooperación, el respeto mutuo y la integración regional.
La CELAC nació precisamente con ese espíritu. Desde su creación, el organismo ha buscado afirmar la idea de una América Latina y el Caribe como zona de paz, capaz de resolver sus diferencias por medios políticos y diplomáticos. La integración regional no es apenas un proyecto económico: es también una herramienta estratégica para garantizar autonomía política y soberanía frente a presiones externas.
En este contexto, el acercamiento con África adquiere una importancia especial. Durante siglos, los destinos de América Latina y África estuvieron entrelazados por la historia del colonialismo y de la diáspora. Millones de africanos fueron llevados a América, dejando una huella profunda en la cultura, la sociedad y la identidad de numerosos países latinoamericanos.
En el caso de Brasil, estos lazos tienen una dimensión aún más profunda. Brasil es uno de los países fuera de África con mayor población de origen africano en el mundo. A lo largo de las últimas décadas, especialmente durante los primeros Gobiernos del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, el país impulsó una política activa de aproximación con el continente africano, basada en la cooperación, el comercio y el diálogo político entre iguales.
Hoy en día, retomar y fortalecer esos vínculos es más importante que nunca. África se proyecta como una de las regiones con mayor crecimiento demográfico y económico del mundo en las próximas décadas. América Latina, por su parte, posee enormes recursos naturales, capacidad agrícola, potencial energético y una creciente base industrial. La cooperación entre ambas regiones puede generar oportunidades extraordinarias en áreas como infraestructura, energía, seguridad alimentaria, ciencia y tecnología, entre otras.
Pero más allá de los aspectos económicos, el diálogo CELAC-África tiene un significado geopolítico mayor. En un momento en que el sistema internacional se encuentra marcado por tensiones entre grandes potencias, la articulación del Sur Global puede contribuir a equilibrar el escenario mundial. Una mayor cooperación entre América Latina y África permite ampliar espacios de autonomía y evitar que las decisiones sobre el futuro de estas regiones sean tomadas fuera de ellas.
El fortalecimiento del Sur Global no debe entenderse como una confrontación con otras regiones del mundo. Se trata, más bien, de afirmar un principio básico del derecho internacional: el respeto a la soberanía y a la autodeterminación de los pueblos. En un mundo cada vez más interdependiente, la cooperación basada en la igualdad y el respeto mutuo es la única vía para construir una paz duradera.
La cumbre CELAC-África en Bogotá simboliza justamente esa aspiración. Representa el esfuerzo de dos regiones históricamente periféricas del sistema internacional por ocupar un lugar más activo en la definición de su propio futuro.
En última instancia, el mensaje que emerge de este encuentro es claro: el siglo XXI no puede seguir siendo escenario de los viejos dramas del siglo XIX. América Latina y África tienen hoy la oportunidad de construir una relación basada en cooperación, respeto y soberanía compartida, contribuyendo así a la consolidación de un mundo más equilibrado, plural y verdaderamente multipolar.
(Leonardo Attuch es fundador y editor jefe de Brasil 247)
(Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no reflejan necesariamente la postura de la Agencia de Noticias Xinhua)
