BEIJING, 14 feb (Xinhua) -- Dentro de poco, la Fiesta de la Primavera cubrirá las ciudades y los pueblos con el cálido resplandor de los faroles rojos. En toda China, cientos de millones de personas se reunirán en sus respectivos hogares para celebrar el tradicional Año Nuevo con rituales que se remontan a siglos atrás.
En los aeropuertos y puntos fronterizos, el sonido de las maletas con ruedas se torna constante a medida que los viajeros llegan en masa para seguir la que también es una de las tendencias de viaje más comentadas de este año: la Fiesta de la Primavera en China.
La población está ansiosa por sumergirse en el rico tapiz de expresiones culturales declaradas Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco: pegar los versos rojos en las puertas, doblar a mano los dumplings (pequeñas masas con variados rellenos), recorrer las ferias de los templos iluminados con faroles, y observar las danzas del dragón y el león serpenteando por las bulliciosas calles.
La fascinación parece crecer desde cero. En Instagram y TikTok, los usuarios de la generación Z en países como Estados Unidos y Australia están experimentando con lo que consideran rutinas de bienestar chinas: beber agua caliente, practicar el qigong Baduanjin o pasearse por la casa en pantuflas.
Un gran número de ellos se describe con humor como "en proceso de convertirse en chinos", diciendo que se sienten "chinos" o han llegado a una "etapa muy china" en sus vidas.
Estas cuentas representan el más reciente giro de un cambio positivo más amplio en la percepción global de China. Algunos indicios previos incluyeron una avalancha de videoblogs de viajes en YouTube tras la considerable flexibilización de las normas de visado en 2023, una repentina afluencia a la plataforma de redes sociales china Xiaohongshu cuando la prohibición de TikTok en Estados Unidos parecía inminente a principios de 2025, y un creciente interés internacional por los videojuegos, la animación y el diseño chinos.
En conjunto, estos sucesos dibujan la imagen de un momento excepcional en el país asiático, en el que el mundo mira más allá de las imágenes de archivo de pandas, kung-fu y la Gran Muralla, para descubrir una China diversa, cercana y cada vez más segura de sí misma.
Lo que hace esta fascinación particularmente sorprendente es su textura y espontaneidad. La atención internacional se ha trasladado de las marcas de consumo, tales como las de autos eléctricos, los drones DJI y los dispositivos de Huawei, a los viajes, las redes sociales y, ahora, a los detalles de la vida cotidiana: cómo la gente come, se relaja y se mantiene sana.
Nada de esto ha sido orquestado. Comparada con el espectáculo escenificado de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, la interacción actual surge de experiencias vividas, encuentros casuales y el atractivo natural de eventos culturales como la Fiesta de la Primavera.
Esto es poder blando en su forma más auténtica, y aún más potente porque no predica. La influencia se vuelve real cuando la curiosidad se transforma en emulación voluntaria.
La flexibilización de los visados tras la pandemia ha actuado como un claro catalizador que ha impulsado una ola de turismo receptivo. Los intercambios en tiempo real y sin filtros en Xiaohongshu han desmantelado viejos estereotipos de atraso, contaminación o uniformidad sin rostro.
Una floreciente economía cultural nacional también ha contribuido, generando una efusión de creatividad con resonancia internacional. Ejemplos de ello son el exitoso videojuego "Black Myth: Wukong" y "Ne Zha 2", la película animada de gran éxito protagonizada por un desafiante niño-dios de la mitología china.
Sin embargo, explicar esta energía como poco más que estética, tendencias en línea o amplificación algorítmica pasaría por alto las dinámicas de fondo.
En esencia, es un reconocimiento de la transformación de China en las últimas décadas: un recorrido sostenido de rápido desarrollo, gobernanza eficaz y estabilidad social, cada vez más perceptible en medio de una era de incertidumbre mundial.
Esta trayectoria es visible en las imágenes e historias que circulan en línea: infraestructuras estilizadas, paisajes urbanos ciberpunk, pagos sin necesidad de efectivo y vehículos eléctricos que a veces pueden resultar surrealistas. Los creadores describen repetidamente sus experiencias como "hipermodernas", "futuristas" o "como vivir en 2050".
Más allá de las ciudades, los aerogeneradores blancos se extienden por las llanuras, los parques solares brillan bajo el sol del desierto, las exuberantes montañas y los ríos cristalinos enmarcan una impresionante diversidad natural, y los sitios antiguos se conservan con esmero y vitalidad.
La vida cotidiana cuenta su propia historia: los metros funcionan puntualmente y permanecen limpios, las bibliotecas se llenan de jóvenes, las mujeres se sienten seguras al salir a correr por la noche, y la atención médica y la educación superior siguen siendo accesibles sin suponer una deuda abrumadora. Estos detalles transmiten más que simple comodidad. Proyectan una sensación palpable de idoneidad, confianza social y la tranquila convicción de que la vida puede ser ordenada y abundante a la vez.
Es esta corriente discreta la que atrae a la gente en el extranjero, con una resonancia más profunda que cualquier moda pasajera.
Tal percepción se ha visto reforzada por la respuesta de China a las recientes tensiones comerciales. A pesar de las presiones externas, Beijing ha mantenido el impulso económico y diversificado sus alianzas, ganándose el respeto internacional por su capacidad para proteger sus intereses frente a la coerción.
Al mismo tiempo, los avances en tecnologías de vanguardia, en particular la inteligencia artificial, la robótica humanoide y la industria farmacéutica, han fortalecido su posición en ámbitos estratégicos, lo que ha motivado una reevaluación de su competitividad a largo plazo.
No obstante, a pesar del crecimiento de las capacidades chinas, varios observadores destacan la ausencia de triunfalismo. El país sigue priorizando las soluciones multilaterales, el apoyo a las instituciones internacionales y las contribuciones a la gobernanza global.
En un mundo donde el unilateralismo y la volatilidad dominan los titulares, esta preferencia por la previsibilidad, los compromisos basados en normas y la diplomacia constante se ha erigido como un punto de contraste.
En los últimos meses, China ha recibido una serie de visitas de líderes mundiales, entre ellos los de España, Francia, Irlanda, Canadá, Finlandia y Reino Unido. Estos intercambios ponen de relieve el creciente reconocimiento que ha recibido por parte de los países occidentales como un socio fiable para el crecimiento económico y los desafíos globales.
La opinión pública parece estar moviéndose en una dirección similar. El Consejo Europeo de Relaciones Exteriores publicó en enero los resultados de una encuesta realizada en noviembre entre aproximadamente 26.000 personas de 21 países, incluyendo 15 europeos y Estados Unidos. De acuerdo con sus respuestas, numerosos encuestados esperan que la influencia china se expanda aún más en la próxima década, además, ahora son más quienes consideran a Beijing como un aliado o un socio necesario.
En este contexto, la tendencia a "convertirse en chino" posiblemente no se trata de un cambio de identidad o ciudadanía. Con más probabilidad, refleja una apreciación discreta de los ritmos y valores sociales que sustentan la vida en China hoy en día.
Para muchos, también ofrece una forma sutil de contrarrestar la fragmentación que ven en casa: una oportunidad de vivir, aunque sea brevemente, en un ambiente que transmite tranquilidad, coherencia y humanidad. Y a veces basta con unas pantuflas para estar en casa, una taza de té o una tarde preparando los dumplings chinos.
Con la llegada de la Fiesta de la Primavera el 17 de febrero, el impulso por experimentar "una temporada muy china" continúa extendiéndose. Esto habla de una resonancia más profunda en torno a un deseo universal de reencuentro, calidez y renovación, particularmente en momentos en que gran parte del planeta se siente a la deriva.








