Por Wang Zhongyi y Gerardo Laborde
MONTEVIDEO, 24 ene (Xinhua) -- En la emblemática península de Punta Ballena, frente al Río de la Plata, se alza Casapueblo. Más que una casa, es una "escultura habitable", el testamento en cemento y blanco del artista urguayo Carlos Páez Vilaró. Desde su construcción en 1958, esta obra resumen la vocación universal de su creador. Hoy, guarda entre sus muros curvos un vínculo singular con China, forjado hace dos décadas.
El origen de este puente cultural se remonta a 2005, cuando Páez Vilaró fue invitado a exponer en la Biblioteca Nacional de China en Beijing.
Acompañado por su hija Agó Páez, también artista, el viaje se transformó en un descubrimiento mutuo. "Me llamaba mucho la atención cómo los chinos observaban, sorprendidos, esas obras tan modernas", recuerda la artista en entrevista con Xinhua.
Aquella experiencia fue un fértil diálogo de sensibilidades. "Reconozco que tienen una cultura espiritual maravillosa: la gente haciendo Tai Chi en los parques, llevando sus pájaros a la mañana. Fue una experiencia inolvidable", señala Agó.Pero la huella fue más profunda.China marcó la paleta del maestro uruguayo.
"A él le gustó mucho ir a China porque desburió que allí se trabaja mucho el color, especialmente el rojo. Mi padre era un gran colorista y después del viaje potenció aún más la fuerza de sus colores", afirma su hija. El ritual del té y la conviviencia de una civilización milenaria con la modernidad completaron una impresión perdurable.
Páez Vilaró, fallecido en 2014 a los 90 años en su amada Casapueblo, fue un ciudadano del mundo. África, Polinesia y Asia moldearon una obra que integró candombe, muralismo y una mirada abierta al mundo.
En una entrevista concedida a Xinhua en 2007, definió su paso por China como "una incursión al interior de la sorpresa" y un contacto que, confesó, lo había marcado "para siempre en el corazón".
Hoy, su hija ve en aquel vínculo una oportunidad más vigente que nunca.
Ante la próxima visita del presidente uruguayo, Yamandú Orsi, a China, Agó subraya la importancia del intercambio cultural: "Esperamos que vengan muchos artistas chinos a compartir su arte y que nosotros podamos llevar el nuestro. De esa forma nos comunicamos y nos entendemos".
Casapueblo, ubicada a pocos kilómetros del emblemático balneario Punta del Este (departamento de Maldonado), es un ícono artístico y uno de los principales atractivos turísticos de Uruguay. Cada tarde, visitantes de todo el mundo se reúnen para la ceremonia del sol, una poesía escrita por el propio Páez Vilaró.
"Todos los días la puesta del sol es diferente", resalta Agó, quien invita a conocer este lugar donde el arte se funde con el paisaje.
Entre acantilados y muros blancos, Casapueblo sigue siendo, más allá del tiempo, un puente simbólico entre Uruguay y China. Un testimonio vivo de cómo el viaje de un artista, su asombro y su diálogo con lo lejano, puede transformarse en un lazo cultural tan duradero como la piedra y tan vibrante como el color.










